En el deporte de alto rendimiento las medallas se esculpen mucho antes de subir al podio. Para la destacada esgrimista cubana Seily Mendoza, el camino hacia los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo-2026 y el ciclo olímpico no se mide solo en repeticiones o cargas físicas; se mide en paciencia, resiliencia y en la capacidad de adaptarse a las circunstancias más complejas.
Detrás de la campeona que busca revalidar su corona en el área centrocaribeña, hay una madre que lidia con la inagotable energía de su pequeño hijo –a quien define jocosamente como la medalla que acaba con su vida– y una deportista que desafía diariamente los obstáculos de la preparación en la escuela Cerro Pelado.
La realidad del entrenamiento para los atletas cubanos exige hoy una dosis extra de ingenio. Las interrupciones del fluido eléctrico en el país, incrementadas por el cerco energético impuesto por el gobierno de Estados Unidos, obligan a reconfigurar las rutinas sobre la marcha.
Lejos de amilanarse, Seily y su equipo de trabajo han aprendido a bailar al ritmo de las circunstancias. «La preparación iba bastante bien porque lográbamos coordinar los horarios en que teníamos servicio eléctrico por la mañana, lo que nos permitía explotar más esa parte de la preparación, en un deporte donde ya todo es electrónico», explica la zurda de la espada.
Sin embargo, cuando la planificación choca con el apagón, el plan de contingencia se activa de inmediato. «Cambiamos la dinámica, pero nunca dejamos de trabajar. Si no podemos hacer los ejercicios que requieren electricidad, nos enfocamos en la preparación física general y especial. El objetivo es no perder un solo día y llegar listos a la competencia», afirma con determinación.
El calendario no da tregua. Antes de pensar en la cita multideportiva de Santo Domingo, la mira está puesta en el inminente clasificatorio panamericano para Lima-2027, un evento de vida o muerte, al ser la única ventana de acceso a la cita continental.
Para Seily, este certamen eliminatorio tiene un doble valor. Además de buscar ese boleto, funcionará como el test de mayor exigencia para su estado de forma de cara a los Centroamericanos. «Es un torneo con mucho más nivel y competidores. Nos preparamos al máximo, dando lo mejor de nosotros para asegurar la clasificación a Lima», comenta.
Con respecto a Santo Domingo-2026, la motivación de Mendoza es la más alta: defender su estatus de doble campeona centroamericana. «Representa otra oportunidad para rivalizar y recuperar uno de los títulos que ya forman parte de mi palmarés. El plan es ir allí y buscar, como siempre, el mejor resultado. Creo que estoy en condiciones de luchar por el lugar cimero del podio, una vez más».
Con los pies en la tierra, pero la mirada en el horizonte, prefiere la filosofía de ir «paso a paso». Primero el clasificatorio panamericano, luego Santo Domingo, el próximo año Lima y, finalmente, el gran sueño de todo atleta: los Juegos Olímpicos, una meta cada vez más compleja, por la ausencia de roce internacional que le otorgue puntos en el ranking, pero a la cual no renuncia.
Mientras persigue esa gloria bajo los cinco aros, Seily ya resguarda en casa su trofeo más valioso y exigente: su bebé. «Tiene demasiada energía, algo a lo que no estaba acostumbrada», confiesa entre risas, dejando claro que, aunque la maternidad agota, es también el motor que impulsa cada uno de sus entrenamientos.
En un escenario de apagones y tensiones cotidianas, la historia de Seily Mendoza es el reflejo del atleta cubano de estos tiempos: aquel que no busca excusas ante las carencias, sino que encuentra la manera de seguir brillando.
Tomado de Granma

