Julio, 2026.- Hace algunos días regresé al terruño donde nací y viví durante más de 50 años, rodeado de cañaverales, ambientes de zafra, trabajadores y familias agrícolas, maquinarias e instalaciones industriales vinculadas al quehacer del sector azucarero.
Confieso que se me encogió el corazón al observar el despoblamiento casi total de cientos de hectáreas donde siempre se cultivo la caña, y ahora se muestran cubiertas de malezas, marabú y plantas invasoras.
Caminos cañeros desaparecidos o en situación intransitable, comunidades deprimidas, feas y marcadas por la migración hacia las ciudades, personas famélicas, con la desesperanza marcada en el rostro; incertidumbre y dolor por la debacle del sector azucarero del que vivieron fue la imagen recogida en mi celular y en mi memoria.
Esa foto no es única de mi tierra; se reitera en casi todos los rincones de las colonias cañeras y en dependencias industriales de las empresas azucareras Argentina y Agramonte. Se extiende desde Las Parras, Las Margaritas y el Oronte, hasta Las Marías, El Ángel y Conquista.
Unidades agrícolas desgastadas por la ineficiencia económica, la pérdida de capital humano, la falta de gestión y diversificación productiva, el descontrol sobre los recursos de todo tipo y la mala administración se juntan por doquier en Florida.
Centrales, infraestructuras vinculadas a ellos, talleres, maquinarias y medios de trabajo asaltados, desmontados y comercializados, incluso a pleno día, por caníbales y pirañas sedientas de dinero que aprovechan la falta de protección y la vista gorda de quienes deben custodiarlos y defenderlos. Esa es la peor postal del patrimonio azucarero en esta demarcación camagüeyana.
Tal panorama es resultado de la inacción y el abandono acumulados por largo tiempo. No comenzó aquí el 29 de enero con la Orden Ejecutiva de Donald Trump, y ni siquiera a partir de su primer mandato en la Casa Blanca; lo digo con la certeza de haber sido también testigo, juez, parte, reo y denunciante incansable de esa ruina, anunciada a voces.
Hoy cuando ya casi no se habla aquí de salvar la agroindustria azucarera, usted se pregunta ¿Cuánta responsabilidad tiene el bloqueo imperialista y su cerco económico, comercial y financiero en el desastre acumulado en la agroindustria azucarera floridana, y cuánto de culpa real tienen el burocratismo, la inacción política y gubernamental, el descontrol empresarial, la falta de sentido de pertenencia de los trabajadores, el oportunismo y el compadreo, la escasez de visión sobre el desarrollo y los malos manejos administrativos?
Me consta que en este ámbito, del que hablo, algunos llevan años soñando con la inversión extranjera, y mientras tanto son incapaces de sembrar un bonito o criar un cerdo para ofrecer alimento a los pocos obreros que sobreviven a su alrededor.
Por supuesto existen excepciones, casi únicas en esta esfera para demostrar que la realidad del presente pudo ser otra, y no voy a mencionarlos para que los pigmeos y pusilánimes no se enseñen contra ellos; mis respetos para esos colectivos y sus líderes.
El dulce sabor de la caña y del azúcar sufren hoy una enfermedad terminal multicusal en Florida. Más de un cáncer se multiplican hoy por sus venas y hacen metástasis en diferentes órganos y extremidades del sector ¿Existirá algún suero para alargarle o salvarle la vida? ¿Cuánto cuesta ese remedio; quiénes están dispuestos a pagarlo por precio actual; podrán aprovechar las soluciones que ofrecen las 176 transformaciones anunciadas por el Gobierno del país cuando fueron incapaces de avanzar un centímetro sobre las 93 medidas anteriores creadas especialmente para los azucareros?
Son preguntas, sólo eso. Ojalá estemos equivocados. Ojalá que más de uno se moleste con lo dicho por este comentarista y venga a esta tribuna a desmentirlo o demostrar lo contrario… Ojalá.

