Junio, 2026.- Incertidimbre, dudas, incredulidad, expectativa, confianza en el liderazgo político del país, esperanzas de un cambio hacia la mejoría socioeconómica, o preocupación por lo que pueda ocurrir si no se controlan, como debe ser, la implementación de las nuevas medidas anunciadas por el gobierno cubano, las fuerzas del mercado y el poder de acumular riquezas.
Estas son, entre muchas otras, las opiniones y actitudes que se manifiestan en la población floridana luego de la aprobación del referido paquete con tintes inimaginables en otros contextos, pero que, según se dijo, resultan inevitables hoy para salvar la nación frente a la gigantesca amenaza del bloqueo imperialista, la caída del poder económico productivo del país, el cierre de mercados y bancos internacionales para el Cuba y la agudización de las necesidades del pueblo.
De acuerdo con algunos expertos y conocedores del tema, las 176 medidas aprobadas por el Pleno del Comité Central del Partido Comunista y la Asamblea Nacional no cayeron del cielo: se corresponden con la esencia de los Lineamientos aprobados con anterioridad, y con las directrices plasmadas en el Plan de Desarrollo Económico y Social de Cuba hasta el 2030.
Hasta aquí todo puede ser entendible. Lo que preocupa; lo que es peligroso; lo que nos falla desde hace demasiado tiempo, lo que no se concibe y lo que debiera ser en primer lugar es la comunicación activa, sistemática, educativa y aglutinadora con el principal actor de esta novela: el pueblo de abajo, el que resiste y sostiene la infraestructura gubernamental y estatal, el que produce y defiende la Revolución contra viento y marea.
No se respalda lo que no se entiende. No avanza con éxito aquello que no se explica y se vuelve a explicar hasta la saciedad. Lo que no se consulta y se defiende con palabras, hechos y ejemplos, mediante el diálogo político valiente, diario, abierto, sincero, inteligente y estratégico, puede llegar a ser estéril.
Cuba cuenta con un sistema político y de gobierno donde se incluyen miles de núcleos del Partido, miles de delegados del Poder Popular, cientos de presidentes de Consejos Populares, cuadros administrativos, políticos y de organizaciones de masas: una fuerza que debe aprovecharse más y mejor, en las circunstancias actuales, para evitar lagunas informativas, intercambiar, orientar, aclarar dudas y reforzar el timón de este barco en el que navegamos todos, con distintos remos.
Ya se dijo más de una vez: hay que salir al limpio; los problemas no se resuelven únicamente en reuniones de grupos cerrados al conocimiento público ni en cúpulas de poder. Es fundamental involucrar a la gente común, a esa de a pie que se amontona frente a los bancos, a quienes luchan por llegar con comida al fin de mes, a los que cuentan centavos para subirse a un transporte ahora mismo.
Esta batalla es de pueblo y se gana junto al pueblo, con la asamblea y el parlamento en la calle, en el barrio, en la cocina, preguntando, escuchando y respondiendo, con la verdad y el llamado a la confianza desde el ejemplo y la comunicación eficaz.

