La Habana.- EN EL mismo lugar en el que se prepararon, en el que ha crecido la potencia deportiva en que se convirtió esta Isla, y con los héroes de entonces, se celebró las seis décadas de la epopeya del Cerro Pelado.
En la Escuela de Formación de Atletas de Alto Rendimiento que lleva el nombre de aquel barco, los jóvenes atletas que allí se forjan homenajearon a quienes integraron la heroica Delegación de la Dignidad, como la llamó Fidel, que asistió a los X Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan 1966.
Se recordó el coraje y la disposición de aquellos hombres y mujeres, dispuestos hasta las últimas consecuencias frente aviones del imperio, sus lanchas guardacostas y los buques de la marina yanqui, que trataron de impedir que Cuba llegara a la sede de esa cita.
Ruperto Herrera, entonces con 16 años y miembro del equipo de baloncesto, expresó el honor y el orgullo de sus compañeros en el cumplimiento del deber, y le dijo a la nueva generación que le toca a ella seguir poniendo en alto el nombre de la Patria.
La respuesta del relevo llegó en la voz de la jugadora de tenis de mesa Rosalba Aguiar, al leer la declaración de la continuidad. «A los héroes del Cerro Pelado que aún nos acompañan hoy: gracias por sembrar el orgullo del que nos nutrimos. A los que ya partieron, y a Fidel, el eterno capitán: prometemos no defraudar su legado», afirmó.
En gesto que trazó un paralelismo con el recibimiento que hace 60 años le dió Cuba a sus deportistas, miembros de la preselección que se prepara para la cita centrocaribeña de Santo Domingo 2026 le entregaron flores a los de 1966, como mismo los helicópteros de las FAR las dejaron caer encima del Cerro Pelado cuando este regresó victorioso a Santiago de Cuba.
Mágico enlace fue el que engarzó el presidente del Inder, Osvaldo Vento Montiller, en las palabras centrales de la conmemoración, al asegurar que «en sus hazañas, en el ejemplo que dieron en defensa de la Patria nos inspiramos hoy, a punto de partir para otra edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe».
Agregó que, «como entonces, enfrentamos el odio de los apátridas y la amenaza de una agresión directa a la Patria por el imperio más poderoso de la humanidad; que no ha podido ni podrá contra la dignidad que se levantó en el Cerro Pelado y que sigue siendo nuestra bandera».
Enfatizó en que «competiremos en Santo Domingo 2026 con el mismo espíritu de combate y con la misma convicción de victoria con la que lo hicieron los deportistas de la Delegación de la Dignidad, en San Juan 1966».
Recordó que «aquí donde estamos hoy se prepararon los atletas para aquellos Juegos». Entonces esta instalación era del sector de la construcción. Hoy lleva el nombre de aquel barco, que es también el del combate del 27 de septiembre de 1958, en la Sierra Maestra, dirigido por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz».
«En el año de su Centenario, en el del aniversario 60 de la gesta del Cerro Pelado, ratificamos que en Santo Domingo 2026, como en San Juan 1966, la delegación tendrá un solo derrotero: la Patria se defiende», sentenció, y añadió que, con el General de Ejército Raúl Castro Ruz, el deporte cubano sigue con el pie en el estribo.
La danza, la música patriótica, la poesía, el cubanísimo repentismo, y las imágenes de la película del Cerro Pelado, del inolvidable Santiago Álvarez, hicieron que todos nos subiéramos al barco heroico, que como el Granma, cumplió con la Patria.
No podía faltar la evocación a Onelio Pino, quien como hizo con el yate que salió de Tuxpan en 1956, capitaneó al también invicto Cerro Pelado.
Y allí, en el homenaje, el especial reconocimiento al primer presidente del Inder, en presencia de su familia. José Llanusa Gobel, quien guió la delegación e interpretó como nadie el pensamiento de Fidel y la Revolución.
Su convicción se victoria, el compromiso inclaudicable con la estrategia del Jefe de la Revolución, su serenidad y firmeza, condujeron al histórico triunfo.
Por eso fue necesario traer al presente la declaración del Cerro Pelado, leída por él en la propia cubierta de aquella nave, en la que se fijó la decisión de llegar a Puerto Rico, con o sin permiso.
Nada deja más claro la impronta de la epopeya de San Juan 1966 que la frase de la joven Rosalba: «el Cerro Pelado vive»
Tomado de JIT

