Diciembre, 2024.- La abnegación con que se dedicó a la investigación el camagüeyano Carlos Juan Finlay Barrés se hizo merecedor de la Distinción de Benefactor de la Humanidad como premio al mayor descubrimiento científico de la medicina tropical: la transmisión de enfermedades por medio de un vector biológico, el mosquito con lo que salvó a al mundo del azote de la fiebre amarilla.
Nacido en Camagüey el 3 de diciembre de 1833, tras concluir la educación primaria decide seguir la trayectoria profesional de su padre, un médico de renombre en Cuba, por lo que viaja a Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, país donde finalmente se graduó en Medicina, el 10 de marzo de 1855.
De regreso a Cuba decide investigarlas epidemias que asolan periódicamente su país: malaria, fiebre amarilla, cólera, entre otras, y aunque sus teorías fueron rechazadas de inicio, e incluso los Estados Unidos quisieron escamotearle su descubrimiento la verdad se abrió paso cuando Francia decidió otorgar a Finlay, en 1911 la orden oficial de la Legión de Honor, e Inglaterra la medalla Mary Kinsley, concedida en el mundo solo a los científicos Mauson, Ross y al genial Koch, descubridor del bacilo de la tuberculosis.
El notable científico cubano realizó además notables aportes acerca del tétanos infantil, la malaria, el cólera, la cirugía oftalmológica y otras enfermedades tropicales por lo cual es considerado uno de los microbiólogos más importantes de la historia universal, y fue propuesto siete veces para el Premio Nobel de Medicina, pero los Estados Unidos siempre se opusieron.
El 25 de mayo de 1981 la UNESCO instituyó por primera vez el Premio Internacional Carlos J. Finlay, para reconocer avances en Microbiología, y en su homenaje la Organización Panamericana de la Salud declaró el 3 de diciembre, fecha de su nacimiento, como el Día de la Medicina en las Américas.