El deporte es también Patria

El deporte es también Patria

La Habana.- HACE apenas unos días se cumplieron 60 años de la epopeya del buque Cerro Pelado, símbolo de dignidad y resistencia del deporte cubano. Aquella travesía hacia los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan, Puerto Rico, demostró al mundo la firme convicción de una nación.

Con apenas 15 años, la discóbola Carmen Romero Ferrer integró la delegación. La despedida en La Habana, el viaje hasta Camagüey, luego a Santiago de Cuba, y la partida en el barco hacia la isla boricua, todo marcado por la impronta del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quedó grabada en su memoria como un acto de confianza y fuerza.

«La vida a bordo del Cerro Pelado fue dura, con espacios reducidos y entrenamientos ajustados a las condiciones, pero también estuvo llena de unidad: el barco se convirtió en casa y símbolo de resistencia», dice emocionada a JIT.

Romero no tenía un somatotipo ideal para el lanzamiento de disco. Era pequeña de estatura y su físico se alejaba de lo que tradicionalmente se consideraba necesario para destacar en esa especialidad. Tanto es así que más de un entrenador dudó de su proyección futura. Sin embargo, con disciplina y carácter, demostró que la voluntad podía superar cualquier limitación física.

«Debutar internacionalmente en medio de aquel contexto político tan complejo fue más que un reto deportivo para mí: fue un acto de dignidad. La confianza de Fidel nos hizo sentir más fuerte a cada atleta, en nuestra misión de representar a la Patria», expresó

«Cada minuto vivido en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan fue de combate por la soberanía de Cuba, y reflejó de esa epopeya fue la Declaración del Cerro Pelado, leída por José Llanusa al frente de la delegación deportiva. Esa proclama nos hizo sentir que cada acción, cada esfuerzo, era parte de una batalla por la dignidad nacional», subrayó la santiaguera.

«La experiencia enseñó que el deporte no es solo fuerza física, sino también carácter y compromiso, y eso me marcó para siempre», dijo la Licenciada en Cultura Física, entrenadora de varias generaciones tras su retiro.

Como formadora, Romero dedicó décadas a enseñar a jóvenes atletas del área de lanzamientos. Transmitió técnicas, disciplina y valores, convencida de que el deporte debía ser escuela de vida. Sus alumnos recuerdan no solo la rigurosidad de sus entrenamientos, sino también la pasión con que hablaba de la historia del Cerro Pelado y del compromiso que debía acompañar cada lanzamiento.

«La unidad de la delegación fue la mayor fortaleza. Sin importar edad o disciplina, todos la asumimos como una sola familia, respondiendo al llamado del Jefe de la Revolución de demostrar la fuerza del deporte cubano. Cada medalla llevó el sello de esa cohesión y resistencia».

En la actualidad, Romero mantiene contacto con varios de sus compañeros sobrevivientes de aquella gesta. Se reúnen, evocan recuerdos y comparten anécdotas de la travesía. Para ella, esos encuentros no son un alivio para paliar la nostalgia; son reafirmación de que la batalla del Cerro Pelado sigue viva en la memoria colectiva y en la hermandad que se forjó en altamar.

«El mensaje que deja la gesta del Cerro Pelado es claro: la unidad y la dignidad son más poderosas que cualquier fuerza a vencer. Fue la expresión de que Cuba nunca se rinde», enfatizó con la voz tomada por el recuerdo, en su morada del reparto capitalino de Alamar.

La olímpica en Montreal 1976 (9no lugar) y Moscú 1980 (10mo), quiso enviar un mensaje a las actuales generaciones: «dejamos el legado de que el deporte es también Patria, y que la fuerza de una delegación unida es la fuerza de su pueblo. Con ella no hay obstáculo ni fronteras que no puedan pasarse», aseguró quien destacó en el concierto deportivo internacional, pero que guarda como su gran presea el bronce ganado en Puerto Rico.

La Habana.- HACE apenas unos días se cumplieron 60 años de la epopeya del buque Cerro Pelado, símbolo de dignidad y resistencia del deporte cubano. Aquella travesía hacia los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan, Puerto Rico, demostró al mundo la firme convicción de una nación.

Con apenas 15 años, la discóbola Carmen Romero Ferrer integró la delegación. La despedida en La Habana, el viaje hasta Camagüey, luego a Santiago de Cuba, y la partida en el barco hacia la isla boricua, todo marcado por la impronta del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quedó grabada en su memoria como un acto de confianza y fuerza.

«La vida a bordo del Cerro Pelado fue dura, con espacios reducidos y entrenamientos ajustados a las condiciones, pero también estuvo llena de unidad: el barco se convirtió en casa y símbolo de resistencia», dice emocionada a JIT.

Romero no tenía un somatotipo ideal para el lanzamiento de disco. Era pequeña de estatura y su físico se alejaba de lo que tradicionalmente se consideraba necesario para destacar en esa especialidad. Tanto es así que más de un entrenador dudó de su proyección futura. Sin embargo, con disciplina y carácter, demostró que la voluntad podía superar cualquier limitación física.

«Debutar internacionalmente en medio de aquel contexto político tan complejo fue más que un reto deportivo para mí: fue un acto de dignidad. La confianza de Fidel nos hizo sentir más fuerte a cada atleta, en nuestra misión de representar a la Patria», expresó

«Cada minuto vivido en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Juan fue de combate por la soberanía de Cuba, y reflejó de esa epopeya fue la Declaración del Cerro Pelado, leída por José Llanusa al frente de la delegación deportiva. Esa proclama nos hizo sentir que cada acción, cada esfuerzo, era parte de una batalla por la dignidad nacional», subrayó la santiaguera.

«La experiencia enseñó que el deporte no es solo fuerza física, sino también carácter y compromiso, y eso me marcó para siempre», dijo la Licenciada en Cultura Física, entrenadora de varias generaciones tras su retiro.

Como formadora, Romero dedicó décadas a enseñar a jóvenes atletas del área de lanzamientos. Transmitió técnicas, disciplina y valores, convencida de que el deporte debía ser escuela de vida. Sus alumnos recuerdan no solo la rigurosidad de sus entrenamientos, sino también la pasión con que hablaba de la historia del Cerro Pelado y del compromiso que debía acompañar cada lanzamiento.

«La unidad de la delegación fue la mayor fortaleza. Sin importar edad o disciplina, todos la asumimos como una sola familia, respondiendo al llamado del Jefe de la Revolución de demostrar la fuerza del deporte cubano. Cada medalla llevó el sello de esa cohesión y resistencia».

En la actualidad, Romero mantiene contacto con varios de sus compañeros sobrevivientes de aquella gesta. Se reúnen, evocan recuerdos y comparten anécdotas de la travesía. Para ella, esos encuentros no son un alivio para paliar la nostalgia; son reafirmación de que la batalla del Cerro Pelado sigue viva en la memoria colectiva y en la hermandad que se forjó en altamar.

«El mensaje que deja la gesta del Cerro Pelado es claro: la unidad y la dignidad son más poderosas que cualquier fuerza a vencer. Fue la expresión de que Cuba nunca se rinde», enfatizó con la voz tomada por el recuerdo, en su morada del reparto capitalino de Alamar.

La olímpica en Montreal 1976 (9no lugar) y Moscú 1980 (10mo), quiso enviar un mensaje a las actuales generaciones: «dejamos el legado de que el deporte es también Patria, y que la fuerza de una delegación unida es la fuerza de su pueblo. Con ella no hay obstáculo ni fronteras que no puedan pasarse», aseguró quien destacó en el concierto deportivo internacional, pero que guarda como su gran presea el bronce ganado en Puerto Rico.

Tomado de JIT

Comparte en redes sociales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *