La dignidad mambisa rescatada en Baraguá hace 145 años

La Habana (PL) El joven general Antonio Maceo alcanzó la altura militar de famosos guerreros del mundo y su talla política y moral ya trasciende desde la Protesta de Baraguá (1878), hecho que dignifica la lucha de la nación cubana por su soberanía.

Por Marta Denis Valle* Colaboradora de Prensa Latina

Con la Protesta de Baraguá, afirmó Fidel Castro, llegó a su cumbre el espíritu patriótico y revolucionario del pueblo cubano, y las banderas de la patria y de la verdadera revolución, con independencia y justicia social, fueron colocadas en su sitial más alto.

Maceo –señaló- se reservó el derecho, con toda libertad y con toda lealtad, sin tener que incumplir ningún compromiso, de continuar en el futuro la guerra libertadora de nuestra patria.

Al no pactar con los españoles, dijo, dejó realmente a nuestro pueblo una herencia gigantesca, infinita, con esa actitud.

Los méritos extraordinarios, militares, políticos y humanos de Maceo, así como su legado a la nación cubana recibieron la exaltación merecida del comandante en jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro (1926-2016), en ocasión del centenario de Baraguá.

“Nosotros defendemos el principio, que mientras haya un hombre con un fusil, la guerra no se ha perdido”, declaró el líder cubano.

“…hemos recibido una herencia histórica tan valiosa, una experiencia tan grande, una cultura, una filosofía, una serie de principios, y podemos proclamarlo de esa forma, y no solo proclamarlo, sino incluso hacerlo”.

MANGOS DE BARAGUÁ

Una serie de circunstancias abandonaron el terreno para el desaliento y el empantanamiento de la guerra, que derivó en la Paz del Zanjón, en 1878, tras autodisolverse la Cámara de Representantes, autoridad suprema de la República en Armas.

El 8 de febrero de 1878, en un ambiente derrotista, ocurrió un acto inusual bastante lejano de lo acontecido en la Asamblea Constituyente de Guáimaro, en 1869. Fue creado el llamado Comité del Centro que se puso en contacto con Arsenio Martínez Campos y suscribió el 10 de febrero el Pacto del Zanjón.

La firma del Convenio del Zanjón con España por los camagüeyanos llevó entonces a Antonio Maceo a protagonizar un liderazgo político.

Muertos los patricios de la Revolución de 1868 y salidos otros personajes del escenario de la lucha independentista, era la figura de más prestigio –emergida de las capas populares en la Guerra de los Diez Años– dispuesta a continuar la lucha.

El desconocido joven de 23 años de edad, hijo de pardos libres, incorporado a la insurrección el 11 de octubre de 1868, era mayor general con más de 800 acciones militares y numerosas victorias sobre el ejército español.

Maceo, apoyado en su histórica moral, pidió una entrevista a quien personalmente llevaba a cabo esta política; el jefe español poco pudo añadir a sus intenciones el 15 de marzo de 1878, en Mangos de Baraguá.

Su rechazo al llamamiento a la paz, además de los principios patrióticos de Maceo, se fundamenta en que coincidentemente lograba victorias en Oriente frente a las fuerzas españolas.

El prócer cubano dejó de lado cualquier discrepancia y conversó con otros jefes y pidió una entrevista con Arsenio Martínez Campos, jefe de operaciones del ejército español en Cuba, quien personalmente llevaba a cabo la política de pacificación del país.

El 15 de marzo de 1878, en los Mangos de Baraguá, el jefe español poco pudo añadir a las intenciones de la pacificación.

Maceo fue tajante y claro; también sus acompañantes Manuel de Jesús Calvar y Félix Figueredo demandaban de España la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud, objetivos por los cuales los cubanos pelearon durante 10 años y experimentado todo tipo de sufrimientos y calamidades.

Según narró sobre ese suceso el coronel Fernando Figueredo Socarrás, ante la insistencia de Martínez Campos de leerles el texto del Pacto, Maceo exclamó: ¡Guarde usted ese documento que no queremos saber de él! Es decir –expresó el general español- que no nos entendemos. ¡No! –dijo el Titán de Bronce- no nos entendemos.

Luego de la Protesta de Baraguá hubo una asamblea de la oficialidad, presidida por el coronel Silverio del Prado y el teniente coronel Fernando Figueredo Socarrás como secretario, sin la presencia de los mayores generales Vicente García, Manuel de Jesús Calvar y Antonio Maceo a petición de éste.

Fue acordada la redacción de la Constitución de Baraguá y los asistentes eligieron a los cuatro integrantes del nuevo gobierno, de la República en Armas que mantuvo los ideales independentistas.

Al siguiente día ellos distribuyeron los cargos: Presidente del Gobierno Manuel de Jesús Titá Calvar; Secretario Fernando Figueredo y vocales, el coronel Leonardo del Mármol y el teniente coronel Pablo Beola.

El mayor general del Ejército Libertador Manuel de Jesús Calvar (Manzanillo, 1832-Cayo Hueso, 1895), fue el último Presidente mambí de la República en Armas; ofreció sus servicios desde el primero hasta el último día de la revolución del 68, participó en el Alzamiento del 10 de octubre junto a Carlos Manuel de Céspedes.

Las hostilidades se reanudaron el día 23 del propio mes en condiciones desiguales; todo el poderío de España contra mil 500 mambises que decidieron proseguir la lucha. Inicialmente los españoles no respondían al fuego; después la pelea fue encarnizada y no les daban tiempo ni para ingerir alimentos.

El Gobierno de Baraguá acordó, a principios de mayo y a propuesta de Félix Figueredo, preservar la vida de Maceo y mandarlo en comisión al exterior, a buscar refuerzos en la emigración, pero ante la imposibilidad de organizar con prontitud una expedición, poco a poco la lucha cesó en el Oriente.

INVASIÓN OCCIDENTE

El 20 de octubre de 1895 se concentraron en Mangos de Baraguá las fuerzas orientales que harían la invasión a occidente.

Allí existió un obelisco con la vegetación oriunda del lugar: pino, caoba, palma. De 1974 a 1978 se remodela y amplia el monumento bajo la orientación del Comandante Juan Almeida Bosque, quien al ver la vegetación totalmente distinta a la original del lugar pronunció la frase:

» (…) Dónde me encuentro en Mangos de Baragua o en Pinos de Baraguá ? (…)»

Juan Almeida Bosque

Y se plantaron todas las matas de mango donde anterior existía la vegetación típica de la zona.

arc/mdv

*La autora es historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina

Tomado de Prensa Latina

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