Brasilia, 26 oct.- Luiz Inácio Lula da Silva volvió a desafiar los pronósticos y escribió otra página inédita en la historia brasileña, al conquistar su cuarto mandato presidencial mediante una remontada electoral sin precedentes hasta hoy en el país.
La victoria tiene dimensiones extraordinarias. Ningún otro político brasileño había conseguido cuatro veces la Presidencia ni logró imponerse en un balotaje después de terminar segundo en la primera vuelta.
El resultado frente al senador Flávio Bolsonaro concretó una hazaña que, hasta hace pocas semanas, parecía improbable; pero, si alguien podía ser capaz de conseguirlo, era Lula, cuya historia está hecha precisamente de imposibles.
El obrero metalúrgico que emergió de la clase trabajadora para convertirse en presidente de la mayor economía latinoamericana vuelve a demostrar una capacidad excepcional para interpretar las aspiraciones populares, resistir la adversidad y reconstruir mayorías cuando el horizonte parece cerrado.
Su trayectoria es, en sí misma, una sucesión de acontecimientos extraordinarios: líder sindical durante las luchas por la democratización, fundador del Partido de los Trabajadores y vencedor de las elecciones de 2002, gobernó Brasil durante dos mandatos consecutivos, entre 2003 y 2010, con una proyección internacional que lo convirtió en una de las figuras más reconocidas de la izquierda mundial.
Después llegó el encarcelamiento, en 2018, que lo apartó de la contienda política. Permaneció 580 días en prisión antes de recuperar la libertad, mientras las condenas en su contra fueron posteriormente anuladas por la justicia brasileña.
Cuando muchos consideraban terminada su carrera, regresó a las urnas y derrotó a Jair Bolsonaro en 2022; y ahora, en vísperas de su cumpleaños 81 este 27 de octubre, protagoniza otro capítulo excepcional.
Tras quedar por detrás de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta del 4 de octubre, consiguió revertir el resultado y conquistar su cuarto mandato, en una elección que volvió a movilizar a un país profundamente polarizado.
Sin embargo, esta victoria, en la que Lula obtuvo el 51,79 por ciento de los votos válidos, frente a 48,21 por ciento de su rival, no puede explicarse únicamente por la figura del mandatario.
También pertenece a millones de brasileños que llenaron las calles, participaron en actos, compartieron mensajes y convirtieron la campaña en una movilización colectiva.
La remontada tuvo en las redes sociales uno de sus escenarios decisivos. El llamado Ejército de Lula, organizado en WhatsApp por el diputado André Janones, llegó a reunir casi 11 millones de integrantes.
Desde ese espacio, el parlamentario, convertido por sus seguidores en el “general” de la tropa digital, impulsó convocatorias, orientó acciones y contribuyó a multiplicar la presencia de los mensajes favorables al presidente.
La iniciativa mostró cómo el conocimiento de los algoritmos, las dinámicas de circulación de contenidos y la participación organizada pueden ponerse al servicio de una campaña política.
Pero Janones también resumió una lección fundamental: las redes, por sí solas, no ganan elecciones; la fuerza digital necesitaba encontrarse con la movilización en las calles.
Y allí estuvieron los militantes, los movimientos sociales, los trabajadores, los jóvenes y los ciudadanos que asumieron como propia la disputa por el futuro nacional.
La victoria de Lula es, por tanto, la de un dirigente que ha demostrado una gran capacidad de supervivencia política, pero también la de una multitud que decidió no permanecer al margen de la historia.
En conversaciones con los seguidores del jefe de Estado, suelen mencionar varios elementos comunes en esa lucha compartida: la necesidad de proteger la soberanía nacional y vencer a la extrema derecha, la preservación de los programas sociales, y la defensa de la democracia.
Vivimos un momento en el que hay que escoger entre la democracia y los bolsonaristas, comentó este domingo a Prensa Latina la brasileña Ana Paula Caldas, a la salida de un centro de votación en el Distrito Federal.
En esa misma línea, Célia Chaves de Souza recordó que el pueblo brasileño debió luchar mucho para conquistar la democracia en el periodo posterior a la dictadura militar, y expresó sus temores de que un triunfo de Flávio Bolsonaro amenazara ese y otros logros sociales.
Para ellas dos, y para muchos otros seguidores de Lula, el jefe de Estado representaba justamente la forma de hacerle frente a esos riesgos.
Así, mientras Brasil abre un nuevo capítulo de su historia democrática, Lula vuelve a demostrar que su trayectoria aún guarda espacio para lo sorprendente.
Pero esta vez, la hazaña no lleva únicamente su nombre: también pertenece a millones de brasileños que se movilizaron para convertir lo que parecía imposible en una victoria colectiva.
Tomado de Prensa Latina

