Octubre, 2026.- Existen personas que tienen la rara virtud de sembrar luz sin hacer ruido. Pasan los días, los años y las décadas, y uno siempre las encuentra en el mismo lugar de la trinchera, con una palabra de aliento a flor de labios, con las manos listas para resolver cualquier contratiempo y con el corazón abierto de par en par para empujar los sueños de los demás. Así es Angelita, así ha sido siempre Ángela Betancourt Álvarez para la cultura floridana.
Por eso, en esta Jornada de la Cultura, cuando decidieron, con absoluta justicia, dedicarle las celebraciones a su entrega incansable, el mejor homenaje no podía venir en un diploma frío ni en un discurso protocolar, tenía que llegar vestido de música, de afecto puro y de complicidad entre amigos de la Casa de la Trova Pedro Loforte Sablón.
Sucedió en la peña de Yoe y sus amigos, ese rincón íntimo donde las canciones tienen la costumbre de abrazar el alma. Fue una tarde de acordes cálidos y miradas cómplices, un instante donde la melodía se convirtió en el espejo de un pueblo entero diciéndole gracias.
Ver a Angelita sonreír, emocionada y complacida ante cada verso cantado especialmente para ella, fue presenciar el momento exacto en que la gratitud del pueblo le devuelve un pedacito de todo el amor que ella ha regalado durante más de treinta años.
Porque Angelita no es solo es la subdirectora que vela por los detalles en la Casa de Cultura; es la amiga incondicional, la que no sabe decir no cuando se trata de tender la mano, la que ha acompañado a generaciones de instructores, promotores y artistas aficionados con la paciencia infinita de una madre.
Bajo la mirada sensible de sus compañeros y promotores, este homenaje demostró que la cultura verdadera no se mide en números, sino en la huella que dejamos en el corazón de la gente. Para Angelita sonaron las guitarras, y en cada nota quedó claro que quien vive para servir a su gente con tanta nobleza, cosecha el cariño más hermoso y duradero que un pueblo puede entregar.
Felicidades Ángelita.

