Somos soñadores soñados: del sueño que se sueña despierto y mira siempre al futuro. Al pasado, en vigilia, si acaso lo evocamos, o lo repudiamos; solo dormidos acude a nuestras pesadillas. Pero el sueño, con los ojos abiertos, siempre es optimista. Hoy es frecuente confundir optimismo con utopía para devaluar, con el hachazo pragmático, al soñador. Solo que los soñadores, además de prospectivos, somos tercos y nos negamos a sucumbir en las nieblas de un pasado que nada promete.
¿Qué otra cosa si no soñadores fueron aquellos escritores y artistas que en 1961 decidieron unir fuerza y talento para que la dimensión simbólica de la Patria se instituyera sueño continuado y creciente, siempre en pos del futuro? ¿No somos nosotros, continuadores, parte de lo que soñaron los fundadores? La Uneac no ha parado de soñar; son 65 años de emprendimientos a favor de la identidad y en cada uno de los que hoy integramos sus filas se tipifican los altos propósitos que animaron a los pioneros: un país donde las expresiones artísticas fueran patrimonio de todos sin otra limitante que el talento que otorga o niega la naturaleza.
Con el foco de unas palabras visionarias que, bien afincadas en el terreno, aún alumbran el camino, aquella primera generación de la Revolución triunfante supo hacer buen uso de las pautas estratégicas que trazaran aquellos debates con el líder para que los ambiciosos anhelos de crecimiento cultural no solo alcanzaran dimensiones concretas sino también fecundantes. No caben dudas de que, si en algún terreno las adversidades no han logrado desbastar el sueño; el de las expresiones y la difusión culturales lleva en ello buena parte de los protagonismos. La cultura cubana no ha conocido retrocesos, y en esa progresión el papel de la Uneac no ha sido secundario gracias a sus 65 años de intenso y tenso batallar.
A otros sectores, más sujetos a logísticas, no les son posibles muchos reacomodos para continuar funcionando con eficacia. La cultura, a veces con las mínimas opciones, nunca se ha detenido porque sus cosechas se gestan en lo simbólico y en los predios de la imaginación: hasta de una escoba vieja se puede obtener un títere, de una yagua una guitarra, en la oralidad o en la virtualidad se puede difundir la poesía, cualquier montículo o almendro frondoso es un escenario, porque la magia siempre ha sido cosa de dos: quien la ejecuta y quien la recibe. Para ese tipo de receptividad nos preparamos desde aquellos días fundacionales en que se soñaba con delirio.
No es posible evocar aquellos días de un pasado que aún es presente sin que se nos hagan visibles los rostros de tantos que dedicaron sus vidas y su talento a validar la grandeza del empeño. Nicolás Guillén (el nuestro, el bueno), junto a Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Argeliers León, Roberto Fernández Retamar, Fayad Jamís, Alicia Alonso, Mirta Aguirre, Alfredo Sosabravo, Miguel Barnet y muchos otros apostaron por hacer coincidir sus destinos creativos con los de la masa reivindicada por las esencias humanistas de la Revolución.
Decidieron unirse (casi fundirse) para hacer que el sueño creciera. Y lo consiguieron. Las épocas cambiaron, los que estaban de nuestra parte se evaporaron o se escabulleron, pero la Revolución cubana siguió su rumbo sin quitar los ojos de la gloriosa meta, porque ese destino es, más que cualquier otro, cultural. Como lo es la Revolución.
Encontraron continuadores: la Uneac, y las instituciones culturales no conocen fechas vacías ni espacios vacantes. Siempre hay manos dispuestas a emprender los trabajos sin importar las exigencias del contexto. De tal suerte, más temprano que tarde, a lo largo de la Isla germinó la generosa inversión y nacieron en todos los territorios comités provinciales de la Uneac, nutridos con los talentos fomentados por las acciones educativas y la promoción orquestada por las instituciones.
La Uneac cumple 65 años hoy. Arriba a su tercera edad con los sueños jóvenes: el sueño prolongado, el sueño multiplicado, el sueño que no cesa y, como el rayo (permiso, don Miguel Hernández) alumbra las muchas voces que nunca callarán en su búsqueda de la belleza y la justicia.
Santa Clara, 22 de agosto de 2026

La Uneac cumple 65 años hoy. Foto: UNEAC.
Tomado de Cubadebate

