El ejemplo capaz de ahuyentar los peores presagios

El ejemplo capaz de ahuyentar los peores presagios

Ninguna fuerza supera la del ejemplo. Así lo demostró el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 5 de agosto de 1994 cuando encabezó el enfrentamiento a los disturbios generados en La Habana, como más de tres décadas antes descendió de aquel tanque en Playa Girón, pues durante toda su existencia siempre estuvo en la línea del peligro.

Un tirano, en una situación similar, hubiera indicado disparar, sin titubeos, sin culpa, pero él demostró una esencia contraria a la de los gobernantes despreciables con los que tanto lo asocian quienes pretenden manchar la pulcritud moral de su existencia. Les ordenó a sus escoltas silenciar sus armas y prefirió recibir cualquier posible daño.

Por suerte, en ese momento cesaron los incidentes. Los elementos antisociales, motivados por la hipócrita estrategia estadounidense de asfixia y fomento a la migración, desaparecieron cual humo.

Sin embargo, nadie le devolvería su ojo perdido a un constructor del contingente Blas Roca, uno de los más valiosos ejércitos de la Revolución ese día, ni curarían a las personas lastimadas por la brutalidad emergida de la guerra cognitiva, en su afán de explotar el lado irracional del ser humano en medio de las crisis.

El infinito respeto ganado a lo largo de varias décadas por Fidel, junto a la respuesta firme del pueblo, les devolvió las calles a sus dueños, los determinados a luchar por la vida, aún bajo circunstancias cercanas a lo imposible.

Aquella fecha nos lega lecciones invaluables en el presente, cuando los enemigos de siempre llevan su inmoralidad al límite otra vez, con el propósito de ahogar a todo el país, al estilo de la reconcentración de Valeriano Weyler.

Conscientes de los costos de una agresión militar, optan por provocar tal desesperación que nos peguemos manotazos entre nosotros mismos y quebremos la sagrada unidad, para que entonces puedan intervenir sin drama mientras veamos a nuestros verdugos como nuestros salvadores. «¡Hermoso plan!», pensarán.

En estas condiciones existen expresiones de inconformidad legítimas, todos habitamos un tiempo de supervivencia, pero cuando las manifestaciones implican violencia, la amenaza a la paz y la tranquilidad, la mano debe comportarse segura y la mente serena, como Fidel, cuando apareció con su ejemplo inmarcesible, para ahuyentar los peores presagios en las calles habaneras Galiano y San Lázaro.

Tomado de Granma

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