Julio, 2026.- La agricultura cubana ha transitado por cientos de medidas desde la década del 90 del siglo anterior hasta la fecha, en busca de hacer producir la tierra de manera eficiente y garantizar la alimentación de un pueblo, en un país cuya base económica fundamental fue siempre, y es ahora mismo, la producción agropecuaria.
Con el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos colgando, como espada de Damocles, sobre cada sector de la economía y la sociedad cubana, son incontables los pasos de avance y nuevos retrocesos registrados en el ámbito de la Agricultura, dónde también se acumularon malos cálculos y estrategias fallidas, errores internos, exceso de entusiasmo y poco accionar frente a diferentes programas como las 63 medidas anteriores, falta de control real sobre las tareas y los recursos, mucho burocratismo y malas prácticas que dieron al traste con los planes de recuperación y crecimiento anunciados por el Gobierno central.
En Florida, por ejemplo, dónde la tierra agrícola se concentra en manos de unos tres mil y tantos tenentes, la producción de alimentos se presenta desorganizada ahora mismo, con poca certeza de cuánto se cosecha realmente y cuáles son los destinos de esa comida, más allá de la venta liberada en ferias y algunas cantidades acopiadas por la Empresa Agroindustrial.
Es difícil hablar de seguridad alimentaria cuando la estructura gubernamental debe rogar por un racimo de plátanos para mejorar la oferta nutricional de los ancianos del Sistema de Atención a la Familia, mientras esté producto se pudre en las tarimas de los intermediarios que comercializan por cuenta propia y otros por su propia cuenta.
En este minuto se habla de más transformaciones para mejorar la explotación y uso de la tierra, la disponibilidad de renglones del agro y la comercialización, en medio del cerco genocida impuesto por la Casa Blanca de Washington.
Parte de lo aprobado nos remite a un artículo periodístico del 2091, cuando la periodista Olivia Marín y el experto Pedro Monreal comentaban que un sistema agrícola con muy alto peso privado, como lo es el cubano, sería necesaria la integración entre Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES) y productores agropecuarios privados en otras actividades para favorecer las ventajas de la escala e intensidad de capital, pues pasar a un agro moderno que permita la seguridad alimentaria requiere una modificación sustancial del actual esquema de usufructo: términos de arrendamiento mayores, fuertes garantías legales, mercados de derecho de arrendamiento y aumento del tamaño de las fincas.
Esas demandas fueron aprobadas. Ahora falta saber si podrán aprovecharse a favor de la necesaria soberanía y la seguridad agroalimentaria local, o serán necesarias otras transformaciones mucho más radicales para elevar la producción en el ámbito de la Agricultura.

