De salarios, las pensiones y otros demonios

Para muchos es preocupante que el aumento de salario se diluya ante el alza excesiva de los precios. Caricatura: Martirena.

Julio, 2026.- Hace pocas pocas horas, en nuestro andar diario por las calles y barrios de esta ciudad nos detuvo un trabajador de los servicios comunales. Escoba en mano, y sin dejar de realizar su trabajo, aquel hombre con apariencia humilde me preguntó que si yo, en mi condición de periodista, podía ayudar a que él cobrará su salario, atrasado por varios meses.

No se alteró, no ofendió al Gobierno, no atacó a la Revolución, pero fue contundente cuando dijo: es una falta de respeto porque hay que comer, cuidar a la familia y la vida está cada vez más cara.

Su mirada de desesperación me rompió el alma, como mismo la veo sangrar cuando trabajadores estatales de varios sectores, incluidos Salud, Educación y otros nos hablan de salarios secuestrados entre las tarjetas magnéticas, el viacrucis y puntapiés por el trasero en el empleo de las pasarelas de pago digital y la quiebra en la liquidez de los bancos en el municipio de Florida, mientras la libra de arroz, el pomo de aceite, el pan y el carbón llegan a precios inalcanzables para demasiados segmentos de la sociedad local.

A estás alturas del partido no abundaremos sobre las causas, los responsables y las consecuencias del fenómeno de la escasez de dinero en las sucursales bancarias para garantizar el pago de salarios y jubilaciones: aquí todos las sufren, manejan o manosean de una u otra manera: desde el que se hunde en su economía familiar hasta las máximas instancias y representantes del Partido y del Poder Popular.

No se trata de revisionismos baratos ni de estigmatizar medidas adoptadas para salir al limpio, pero es preciso reconocer que la actuación de algunas figuras comerciales creadas por este propio país parecen haberse escapado por completo de las manos y del control gubernamental, fiscal y bancario en todas partes, lo cual ha permitido la creación de redes informales y colaterales de revendedores, traficantes, financistas, garroteros, prestamistas y subempleadores por cuenta propia ilegales y ajenos por completo a las obligaciones tributarias y a las necesidades y demandas de cobro de salarios de un grupo importante de los que residen en la comarca.

La pregunta del millón de pesos que quisieran tener los bancos ahora mismo es la siguiente: ¿Quién, cómo y cuándo se pondrá freno real y ejemplarizante a la falta de respeto en el depósito sistemático por parte de los privados que hoy son dueños absolutos del papel moneda, y se impondrá el ajuste legal a otros segmentos que atesoran mucha plata sin aportar un centavo al desarrollo colectivo y al presupuesto del Estado por ninguna vía?

Algunos desesperados han llegado a solicitar hasta un cambio de moneda en la actual coyuntura.

El costo político y social de los fenómenos que impactan la economía, entre otros, no ha de verse en Cuba cuando es inevitable; llevamos más de un año sufriendo los cajeros limitados o vacíos, las colas agotadoras y la escasez de pesos en la redes bancarias, mientras cada mes se escuchaba el mismo informe, reciclado, sobre las Mipymes, cooperativas no agropecuarias y miles de Trabajadores por Cuenta Propia que no tributan un kilo a las bóvedas del banco. ¿Nadie se imaginó lo que podría suceder? ¿Dónde cobran sus salarios los decisores? ¿Cuántas filas de día y noche habrán realizado para ello? ¿Serán honestos todos los que tienen que empujar para aliviar esta problemática, o existirá algún elixir que los paraliza y nubla la vista de algunos?

Las 176 nuevas medidas aprobadas revientemente podrán tener un plazo mediano o largo para obtener resultados, pero el salario del trabajador es sagrado, y su derecho a disponer del mismo, sea por vía electrónica o con el efectivo en la mano no debería estar bloqueado por potencias internas que hoy compiten aquí con la actitud de Estados Unidos en cuanto a la ambición furiosa y el desprecio a los semejantes.

Cómo siempre decimos, y hoy lo reiteramos con preocupacion: en este asunto de los salarios, las pensiones y los problemas con la bancarización, «mañana sería demasiado tarde para hacer lo que es preciso desde hace mucho tiempo».

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Acerca de Pedro Pablo Sáez Herrera

Licenciado en estudios Socioculturales de la Universidad de Camagüey. Diplomado en Periodismo. Labora como periodista en Radio Florida atendiendo sectores como Salud Pública, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, Trabajo y Seguridad Social, entre otros. Contactos: Twitter: @SanPPZeta Facebook: Pedro Pablo Sáez

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