Mayo 2021.- Los azucareros del municipio de Florida, como los de otros más de 50 centrales y zonas cañeras del país, enfrentan ahora mismo un proceso determinante que busca no sólo multiplicar la producción de la gramínea y sus derivados, pretende, sobre todo, rescatar el papel de la Empresa Estatal Socialista y salvaguardar la existencia exitosa, la fuente de empleo y la vida comunitaria en un sector determinante en el desarrollo socioeconómico del territorio.
Ya es oficial la noticia de la creación aquí de dos empresas azucareras: una en la industria del central Argentina y la otra en las instalaciones fabriles del Ignacio Agramonte, las cuales concentrarán también las actuales estructuras de Atención a Productores Agrícolas, reducirán las plantillas intermedias y las actividades burocráticas que tanto afectan los resultados finales.
La flamante propuesta que busca por estos días el apoyo de los trabajadores del sector, llega también para acercar las decisiones al surco y para incrementar el control sobre el empleo de los recursos y elevar la eficacia y la eficiencia tanto en la agricultura como en la industria; tiene el encargo de respaldar la calidad de vida de los habitantes del campo, y juntar voluntades y toneladas de caña con el propósito de lograr la arrancada de los molinos en ambas fábricas floridanas.
Sin embargo, y siempre debe acompañarnos la aclaración oportuna, aun cuando la fundación de las empresas azucareras municipales constituya un eslabón importante para la recuperación cañero- azucarera en Cuba y de manera particular en Florida, esta no será una vara mágica para solucionar falencias, errores y deficiencias en la base agro-azucarera, y existen verdades que debemos alertar.
El país apuesta hoy por eliminar intermediarios en la entrega de recursos, y modera los precios, pero corresponde a las Unidades Básicas de Producción Cooperativa y al resto de los productores aprovecharlos como es debido, evitar que se los roben y exigir responsabilidades frente a cada pérdida.
El gobierno cubano apuesta por garantizar el salario a cada trabajador, incluidos los cañeros, pero la respuesta no puede ser una jornada laboral de una o dos horas diarias, cuando tanta falta hace incrementar la siembra de alimentos, el desyerbe de los campos, la eliminación de la pica pica, la crianza de ganado y el fomento de otras alternativas que generen ingresos a la cuenta de la cooperativa y por supuesto, al bolsillo de los afiliados.
Las dos empresas agroindustriales azucareras que funcionarán en los centrales Argentina e Ignacio Agramonte impulsarán la formación de cuadros de dirección, pero no deciden quien o quienes administran o dirigen las entidades de base.
Hasta la fecha, y por reglamento escrito, es la asamblea de cooperativistas la que aprueba a su presidencia, y a ella le corresponde exigirle el cumplimiento efectivo de ese encargo laboral, pedirle cuentas y relevarla de su cargo en el momento oportuno con la transparencia, la valentía y el interés colectivo como banderas en cualquier debate.
Estas, y otras acotaciones deben transitar sin reparos por los ferrocarriles y plantaciones cañeras del municipio de Florida en la actual coyuntura. Resultan imprescindibles para aquilatar correctamente el papel de la nueva empresa estatal azucarera y su vínculo futuro con las bases agropecuarias y usufructuarios individuales que seguirán siendo dueños de su producción, de la vergüenza y del esfuerzo que desplieguen para incrementarla, y de los recursos con que cuentan para sostenerla en tiempos de pandemia, con limitación de insumos y permanencia del bloqueo imperialista contra Cuba.

