Un Doble Play de amor por la familia y el beisbol

Un Doble Play de amor por la familia y el beisbol

Según Norberto Codina, dos amantes del beisbol en sus respectivas épocas, el poeta Walt Whitman y el cineasta Ken Burns, completaron una frase que capta lo especial de ese juego «de errores, derrotas, pero de eterna esperanza» y cuyo «fin último es llegar a casa».

Sentía caer tales palabras como rectas en la esquinita de adentro, imposibles de conectar, mientras observaba la presentación, en el Cine Yara, de la película de animación Doble Play, realizada por Burene Producciones.

Dentro de la trama, César (doblado por Iván González), prospecto matancero y de la Isla, decide dejar el terreno tras una injusticia contra él, la muerte de su madre y la depresión de su padre (William Quintana), otrora puntal de Henequeneros, pero víctima del olvido.

El joven estudia en un preuniversitario del municipio de Jovellanos y organizan un torneo entre varias escuelas; sin embargo, mantiene su reticencia al diamante.

Decide volver cuando el progenitor le regala su uniforme de la Serie Nacional, lo acompaña desde las gradas y lo ve conectar jonrón, insuficiente para cambiar un partido, pero capaz de devolverle al protagonista la alegría de ser pelotero, el sueño de tantos niños.  

El director Carlos Daniel Hernández León aseguró a Granma que la propuesta fílmica posee mucho de su propia biografía. Además de estar emparentado con el gran Jorge Luis Valdés, tiene como tío a Rafael Delgado, lanzador de Citricultores y Matanzas en la década de 1990, quien no escapó a la falta de atención y memoria.

Sobre el tratamiento de ese delicado tema, confesó que hallaron «un punto medio, el drama que impulsara a César a jugar de nuevo».

Mencionó otro objetivo fundamental de la propuesta: «replicar la sensación de cuando terminas de disfrutar un anime de deportes, que te dan ganas de salir a practicarlo. Deseamos que los niños salgan del cine a la pelota».

El guionista y editor Boris Luis Alonso Pérez expresó: «creímos importante presentar un producto sobre este Patrimonio, apoyados en la larga trayectoria de la Isla en dibujos animados. Aunque cuenta una historia local, transmite valores nacionales, así como la necesidad de superar cualquier circunstancia para perseguir las metas y cómo la amistad forma parte importante en ese empuje.

Parte del elenco logró viajar a La Habana para la presentación. Foto: Nieves Molina

«Incluimos un componente educativo a través de consejos y animaciones de la forma correcta de empuñar el madero y distintos tipos de lanzamientos. Bárbaro Hernández, estrella de los Cocodrilos en el filme, tiene la forma de batear de Ariel Sánchez y uno de los protagonistas realiza el wind-up de Tati Valdés».

Emplearon la técnica 2D tradicional y culminaron el proyecto en poco más de un año, con un colectivo de 30 y tantas personas, entre actores de los teatros en esa provincia, animadores, guionistas y fondistas.

Alonso Pérez agradeció el apoyo del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos por apostarle a esa iniciativa. Hernández León reconoció el papel clave de Esther Hirzel porque dio el sí cuando le enseñaron una historieta alejada de la animación. «Sin ella nada fuese posible».

El director también mencionó el aporte de su madre, «economista, pero que le puso su mano al lápiz. Mi novia, todoterreno, participó en el color, el intercalado, los efectos especiales. Los animadores venían conmigo de los talleres de creación en el municipio». Como en el título: la familia y el amor por el beisbol conforman, dentro y fuera de la película, un perfecto Doble Play.

Tomado de Granma

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