Palabras de un maestro sobre el tatami

Palabras de un maestro sobre el tatami

«En el deporte, como en la vida, somos eternos aprendices. Siempre debemos preocuparnos por nuestra superación y consultarle a las personas de experiencia, a los más jóvenes, prestarle atención a los atletas, incluso a los niños».

Esas palabras retratan a un maestro que alcanzó a develar los secretos más importantes de la existencia y los convirtió en pilares de su filosofía. Cual sensei legendario, Julio Julián Alderete Reyes, el jefe de entrenadores del judo masculino cubano, muestra la armonía exacta entre la humildad y la sabiduría.

El séptimo Dan, especialista en entrenamiento de alto rendimiento, nació en La Habana el 28 de septiembre de 1966, pero sus padres decidieron vivir en Santiago de Cuba cuando él era pequeño y se declara 100 % santiaguero.

Incursionó en el arte de origen japonés atraído por su marcialidad, aparte de su presencia en el entorno familiar, pues lo practicaron un primo y un hermano mayor. Su proyección como atleta quedó detenida debido a un infortunio, pero el destino le reservaba el asiento al lado del colchón.

«Me lesioné en una rodilla y aún competía a nivel universitario, en campeonatos nacionales de primera categoría, aunque nunca integré la selección de la Isla. En mi último año juvenil me propusieron una intervención quirúrgica, pero no quise, cosas de jóvenes.

«El pensamiento me cambió para seguir, ya como profesor. Influyó la prédica de mis entrenadores, en quienes veía una figura paterna y traté de imitarlos, por eso a los 22 años culminé la licenciatura en Deporte y decidí dedicarme a la pedagogía».

Tras concluir un evento en Santiago en 1999, el prestigioso Justo Noda Barreto, que entonces asumía la responsabilidad actual de Alderete, sostuvo un encuentro con varias personas.

Preguntó sobre «los profesores de base con experiencia y promociones a la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (ESPA) nacional y al equipo Cuba, para una prestación de servicios o superación metodológica en la selección». El holguinero Leonardo Aguirre, decano de los comisionados, recomendó mi nombre.

«Después de los Juegos Olímpicos de Sidney-2000 me incorporé a un excelente colectivo y me identifiqué mucho con Lázaro González. Le pidieron asesorarme en cuanto a los sistemas de planificación, me daba tareas, intercambiábamos en las noches y me ayudó en esa etapa inicial.

«También aprendí de José Gastón Ibáñez Gómez, hermano de la gloria Joseíto; de Senén Ramos Benítez y de Vicente Leal Ugarte. En 2002 pasé a la plantilla oficial del conjunto masculino de mayores». Luego de recibir todo ese caudal de saberes estuvo listo para ejercer al frente del equipo de hombres a partir de 2016.

(Foto 367408. Pie: Iván Felipe Silva lo hizo disfurtar otra presea mundial, de plata en Bakú-2018).

En distintos roles ha contribuido a tremendos resultados, desde preseas olímpicas hasta títulos mundiales, pero nos sorprende con una clase de modestia y humanismo cuando confiesa: «mi más grande alegría siempre ha sido observar el progreso de mis alumnos, cómo muchos continúan mis pasos.

«Me dicen: “profe, nosotros nos apoyamos en el ejemplo suyo”. Por encima de cualquier medalla, ver que formamos personas con valores resulta lo más importante, ese constituye nuestro principal encargo social».

Por tanto, sus discípulos preferidos «demuestran los principios que enseña este bello deporte», aunque ni siquiera llegaran a la Escuela de Iniciación Deportiva, a la ESPA o al combinado de las cuatro letras.

A inicios del presente año, la Comisión de Reconocimientos de la Confederación Panamericana de Judo lo agasajó como el mejor entrenador de la categoría élite varonil en 2025.

«Lo tomé en nombre de la familia de este arte marcial en la Mayor de las Antillas, pues tenemos profesores de trayectoria muy sobresaliente».

El término «sensei» hace alusión a «quienes recorrieron el camino antes». Julio Alderete, próximo a cumplir seis décadas de vida, ha andado un largo tramo en el mundo de los colchones y le brinda su mano, para transitar ese sendero, a las nuevas generaciones.

 Tomdo de Granma

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