Fidel, un centenario con una sola estrella

Florida, 24 mar.- Pareciera que algunos quisieran matar a Fidel en el año de su Centenario; tanta es la afrenta lanzada contra su pueblo en esta hora suprema de peligros y amenazas.

Hoy más que nunca el imperialismo se empeña en destrozar la obra de su Revolución; hoy como nunca un torrente de veneno brota de las entrañas del monstruo, y sus garras ensangrentadas buscan desesperadamente apoderarse de la estrella solitaria, derribar el orden constitucional cubano y manchar la paz y la concordia conquistadas sobre la base del valor y el sacrificio de millones de compatriotas.

Duele mucho, sin dudas, saber qué algunos hijos desnaturalizados de esta tierra, junto a otros con alma de Judas, sentados en nuestra propia mesa, prestan su verbo y su inconciencia para alimentar la discordia, el desafuero y la ingratitud hacia la misma nación que los alimentó, protegió y colmó de oportunidades para enfrentar la vida.

La Cuba que nos arropa hoy no es la que soñó Fidel, es cierto: faltan insumos y electricidad; sobran lugares feos, basura en las calles y desapego a las leyes. Crecen diferencias entre las personas y se multiplican insatisfacciones.

Engordan la improductividad, la indisciplina y el egoísmo en ciertos rincones; se debilitan los servicios del gobierno, y se doblegan la moral y el compromiso en oficinas donde debiera rendirse culto ejemplar a la dignidad y a la entrega diaria.

Lo decimos con valor: pareciera como si Fidel, su ejemplo glorioso y su testamento político pudieran sucumbir en el año de su Centenario, cuando la verdad trata de encubrirse con la desinformación, el meme y la mentira que llegan desde afuera y corren por el ciberespacio.

Se pensaría que el Cuartel Moncada pudiera volver a ser refugio de la tortura cuando los encargados de impulsar y liderar batallas estratégicas en estos tiempos temen caminar junto a su pueblo y olvidan que la voz de la historia, como escudo y espada de la patria, es la mejor de las armas para defenderla.

Pareciera que el Yate Granma se hunde en el abismo de la ingratitud cada vez que nuestra gente, de manera equivoca y peligrosa, culpan a nuestro propio Gobierno y al Presidente Miguel Díaz Canel de cometer un genocidio que tiene como autores a otros criminales y odiadores, agazapados en el norte revuelto y brutal, rodeados de mercenarios y pro anexionistas.

Tal vez corran riesgo de olvidarse la epopeya de la Sierra Maestra y la batalla de Girón cuando se afloja el empuje para convocar las masas, hacerlas vibrar y participar de lleno en las luchas cotidianas para vencer dificultades y salvaguardar la independencia y la justicia conquistadas.

Parecería, en fin, que Fidel podría ser aplastado en breve por la bota del Imperio en el año de su Centenario; que su legado se extinguirá para siempre en medio del mundo convulso, anestesiado por el neocolonialismo cultural y la ambición de los más poderosos, como tantas veces él mismo alertó.

Todo eso pareciera mi gente; pero nadie se haga ilusiones, ni aquí ni allá: ¡Fidel no morirá jamás! ¡Vive, y vivirá para siempre en el corazón y en la resistencia heroica de millones de cubanos y amigos del planeta!
Su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo es fiel a su recuerdo, hay miles y miles de hombres y mujeres dispuestos a desaparecer defendiendo sus doctrinas y sus convicciones.

¡Fidel vivirá mientras quede un médico forjado por la Revolución luchando por la salud del pueblo en medio de carencias y limitaciones; muestras exista un maestro heredero de la epopeya alfabetizadora construyendo el futuro de nuestros niños; mientras hayan garantías de jubilación para los abuelos que ahora mismo se apilan frente a los bancos para cobrar sus chequeras por culpa del egoísmo de unos pocos.

Vivirá en la madre con parto garantizado; en el infante protegido aquí por 13 vacunas; en el campesino dueño de la tierra, y en los que saben que «la libertad no se mendiga, se defiende con el filo del machete».

Lo reiteramos hoy con las mismas palabras conque ayer, el mismo Fidel que proclamamos, honró al Apóstol junto a la Generación del Centenario; si las tormentas del odio y la venganza traspasaran fronteras para enlodar el festejo por los 100 años del Natalicio del Comandante en Jefe de la Revolución cubana, hay jóvenes, ancianos, combatientes y hasta niños que, en magnífico desagravio, irían a morir junto a su tumba de piedra y de acero en Santa Ifigenia.

Marcharían a ofrendar su sangre y su vida para que siga viviendo en el alma de la Patria y de su gente; caerían con orgullo en el combate para que Cuba se mantenga como faro de libertad, solidaridad y humanismo en el continente latinoamericano, y en el resto del planeta.

¿Qué sería de nosotros si dejáramos morir a Fidel en el año de su centenario, cuando el mismo demostró que el camino del heroísmo, de la soberanía, de la supervivencia y de la victoria sólo se construye con una sola consigna: ¡Patria o Muerte, Venceremos!

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Acerca de Pedro Pablo Sáez Herrera

Licenciado en estudios Socioculturales de la Universidad de Camagüey. Diplomado en Periodismo. Labora como periodista en Radio Florida atendiendo sectores como Salud Pública, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, Trabajo y Seguridad Social, entre otros. Contactos: Twitter: @SanPPZeta Facebook: Pedro Pablo Sáez

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