Marzo, 2026.- Sin duda alguna Cuba, y su pueblo, atraviesan ahora mismo, tal vez, el momento más complejo vivido por la Revolución luego del triunfo del Primero de Enero de 1959.
Los efectos combinados de la guerra económica, comercial y financiera impuesta por el Gobierno de Estados Unidos desde hace 67 años, incluidas 243 medidas de refuerzo sumadas por la administración de Donald Trump; una política migratoria hostil, tergiversada y manipulada al máximo por la Casa Blanca; la persecución y destrucción de acuerdos de colaboración médica cubana en varios países y las campañas contra el turismo hacia este archipiélago para eliminar sus fuentes de ingreso en divisas; la amenaza creciente de intervención y agresión armada por parte de la Casa Blanca; el bloqueo petrolero y una exacerbada campaña comunicacional del enemigo que busca desprestigiar la obra social de la Revolución, entre otros factores externos, conforman hoy una tormenta perfecta, creada por los yanquis con el propósito de derrotar, poner de rodillas y humillar a quienes resisten sus embates en esta nación caribeña.
El ascenso del furibundo anticubano Marcos Rubio al puesto de Secretario de Estado y su influencia nefasta en el máximo círculo del poder estadounidense; los llamados a la rebelión popular interna desde la comodidad de Miami, y los intentos de penetración terrorista por las costas cubanas, el ataque a Venezuela, junto a los delirios de grandeza y falta de escrúpulos del Presidente Donald Trump se suman al clima de peligro existencial para el pueblo cubano.
Sin embargo, que poco nos conocen aquellos que ahora mismo, en La Florida y en otros puntos del Norte preparan sus maletas y festejan la inminente caída del sistema político cubano, sin darse cuenta que en esta isla pueblo, gobierno, historia y cultura política conforman un cuadro difícil de comprender para algunos pero imposible de destruir para ellos.
Se equivocan, por mucho, cuando imaginan que el descontento popular frente a las carencias nos dejará ciegos para no reconocer las verdaderas intenciones de la camarilla de Washington.
Los cubanos somos inconformes, indisciplinados, cuestionadores de cualquier realidad que nos afecte en esta, nuestra casa grande; pero también tenemos cultura política acumulada, miramos al mundo, estamos informados la gran mayoría y aprendimos a distinguir muy bien entre el regalo y su envoltura.
Cada acción destructiva y de odio al ser humano impulsada por el imperialismo y cada paso contra Cuba y contra los pueblos del planeta nos sirven de alerta, nos unen, nos convencen sobre la importancia de estar cada vez más firmes pese a las dificultades, sin sucumbir a los cantos de sirena de aquellos que son capaces de matar a cientos de niños inocentes y arrasar con familias enteras para conseguir sus fines de dominación sobre los recursos de otros estados, o de eliminar todo aquello que contradiga las tesis del neoliberalismo y desafíe la preeminencia de Estados Unidos como ideal de vida y gendarme mundial.
El espíritu traicionero del Gobierno estadounidense y su carácter hipócrita, asesino y vengativo; el ejemplo de resistencia del pueblo Iraní; y las palabras del guerrillero heroico Ernesto Che Guevara cuando nos alertó no confiar en el imperialismo «¡ni un tantico así; nada!», junto a las enseñanzas de Fidel son la brújula para superar hoy, más que nunca, la amenaza yanqui, o perecer en la batalla por preservar la paz, la dignidad de todos los hombres y mujeres sin excluir a nadie en este caimán rebelde; por la integridad de la Patria, y por el derecho de nuestros niños y niñas a vivir en un país soberano, sin miedos ni amenazas, y orgullosos de la historia forjada y defendida por sus abuelos en más de 150 años de luchas y victorias contra la opresión y el dominio colonial y neocolonial.
El mundo lo sabe: frente a las contingencia actuales, Cuba no renunciará jamás al empleo de su «armamento nuclear» más efectivo y enriquecido en las últimas seis décadas: la defensa de las ideas y enseñanzas de Fidel y la consigna de ¡Patria o Muerte, Venceremos!

