La Habana.- A GRACIELA González y a Eugenio George 40 años de matrimonio los colmaron de hijos e hijas. Ellos no nacieron en un salón de partos, sino en el seno de un amor que la pareja le entregó al voleibol cubano.
Él, primero fue jugador; después entrenador capaz, que no dejo de superarse para que sus muchachas brillaran aún más.
No paró hasta encumbrarlas con ese título que rebasó todas las coronaciones nobiliarias para que el pueblo las amara como las Espectaculares Morenas del Caribe, con la misma pasión con que junto a Chela construyó un templo bordado con una red por encima de las que pasan las pelotas vencedoras.
Ella, al frente de la comisión técnica, fue la madre de una sólida idea que amamantó con su ternura y defendió como una fiera ante cualquier amenaza que pudiera quebrarla.
Eugenio y ella se amaron con tanta entrega que no le hicieron falta cromosomas X o Y, para engendrar. Los hijos no les llegaron desde un óvulo fecundado, los vieron nacer en las canchas y los hicieron crecer hasta la gigantesca altura de campeones.
«Si una de nosotras tenía algún problema, de salud o personal, Chela aparecía cuál mamá para resolverlo. En él, quien siempre fue un padre, encontrábamos la solución en la cancha y la protección cuando estábamos a su lado», nos dijo Mireya Luis, la capitana de las Morenas del Caribe.
«Hasta su casa fuimos a pasar una fiebre, un mal de amor, y también a corregir un mal paso», contó la camagüeyana.
Ella, la mujer que más alto tocó un balón para bajarlo con furia endemoniada, tuvo la suerte de haber sido tocada por la magia del amor de sus primeros entrenadores.
Cándida Jiménez y Enrique Larrazaleta vieron en una pequeña niña la estatura de su talento. Después de que su esposa le dijo que la aceptara en la Escuela de Iniciación Deportiva (Eide) agramontina, a Kike no le tembló el pulso para convertirla en titular de un campeonato nacional de mayores, con solo 14 años.
En ese acto de amor, que pasa por tomar los riesgos, nació Mireya Luis, la mejor atacadora que ha dado el mundo del voleibol.
En este día del amor y la amistad, Chela y Eugenio; Cándida y Kike, son de esos padres entrenadores que nos recuerdan lo hermoso de contar con alguien como ellos, con quiénes puedes hablar de cualquier tema, que no te juzgan sino que te entienden; pero, al propio tiempo, te retan y te exigen, para que seas mejor.
Tomado de Jit

