Combate de La Plata «La reafirmación de nuestras posibilidades de triunfo final»

Combate de La Plata «La reafirmación de nuestras posibilidades de triunfo final»

Con solo 23 armas y en 40 minutos, Fidel, Raúl, el Che, Almeida, Guillermo y otros 24 guerrilleros demostraron que podían vencer a un ejército profesional, mejor armado, pero que había desechado las doctrinas del Maestro, esas que arrancaron el motor pequeño de la Revolución el 26 de julio de 1953.

Era la madrugada del 17 de enero de 1957 dos ráfagas de ametralladora disparadas por Fidel dieron inicio al combate de La Plata, que hizo trizas lo que tras el descalabro de Alegría de Pío la propaganda batistiana afirmaba: la aniquilación total de los rebeldes, que aquí no tuvieron bajas y ocasionaron al enemigo dos muertos y cinco heridos.

Fueron ocupados ocho fusiles Springfield, más de mil balas, una ametralladora e insumos y los heridos fueron atendidos por el Che Guevara.  A los vencidos dijo Fidel: «Los felicito. Se han portado como hombres. Quedan en libertad. Curen sus heridos y váyanse cuando quieran».
De manera que se consumaba una victoria tanto en lo militar, como en el plano de las ideas, elevando la moral combativa del núcleo guerrillero que también demostró su respeto a heridos y prisioneros.

No en vano, el Che lo calificó como «un llamado de atención a todos, la demostración de que el Ejército Rebelde existía y estaba dispuesto a luchar, y para nosotros, la reafirmación de nuestras posibilidades de triunfo final».

Casi dos años después, los mambises del siglo XX entrarían a Santiago con la misma convicción expresada por Raúl en un relato de su diario de campaña correspondiente al combate:  «algún día no lejano, sobre esas cenizas levantaremos escuelas».

Tomado de Granma

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