Editorial: Cumbre de las Américas: “Ni garrote ni zanahoria”
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- Categoría: La opinión
- Publicado: Viernes, 10 Abril 2015 02:00
- Escrito por Pedro Pablo Sáez
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Este 10 y 11 de abril los pueblos de América Latina y el Caribe fueron convidados de nuevo por el gigante del Norte para sentarse a la mesa y compartir una cena que sin dudas, como en la fabula del zorro y la cigüeña, incluirá platos difíciles de digerir para los pueblos del Sur, pero sumará también ciertos vinos que pueden amargar el paladar de los poderosos del Imperio.
Quienes acuden a esta VII Cumbre de las Américas en la ciudad de Panamá no son los mismos representantes de aquellas naciones divididas del continente que viera Martí en la Conferencia de Washington en la década del 80 del siglo 19, después de pisoteado y vilipendiado el sueño del libertador Simón Bolívar, o los de la pasada centuria cuando muchos al sur del río Bravo imploraban de rodillas al Tío Sam y adoraban el American Way of Life como única alternativa.
Al nuevo encuentro llegan líderes de innegables raíces populares, junto a otros que, aún siendo del centro y la derecha política en sus gobiernos, comprendieron la trascendencia de la unidad común, la cooperación y el respeto a las diferencias para enfrentar los retos y los peligros del mundo moderno.
En la mesa panameña, frente a las pretensiones hegemónicas del capital financiero y la voracidad disimulada de las trasnacionales del petróleo y de la guerra se plantarán, con la dignidad y la firmeza del presente, los miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe CELAC, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América ALBA-TCP, la UNASUR, la Comunidad de Estados del Caribe y otros bloques cuyo norte ahora, sin duda alguna, está en el Sur.
Por si esto fuera poco, una voz imprescindible se sumará esta vez en la cita de la VII Cumbre de las Américas: la voz de Cuba; la Cuba de siempre, levantada con orgullo sobre los hombros de 34 naciones hermanas, y colocada en el lugar que merece por su legado de hermandad, resistencia, solidaridad y apego a los principios sembrados por la Revolución popular encabezada por Fidel Castro, y a los cuales no renunciaremos jamás.
Los representantes de la verdadera sociedad civil cubana adelantaron muestras de la dignidad inclaudicable y la justicia que “con todos y para el bien de todos” construye y defiende la patria de José Martí… Raúl llegará a tal foro con nuevos argumentos y la disposición de tender la mano a la buena voluntad, pero también para rechazar, sin reparos, el veneno contra su nación y contra el resto de los nacidos en Suramérica.
Ni el garrote ni la zanahoria tendrán cabida en el pueblo que representa, ni permitiremos nunca que tal política se imponga sobre alguno de los hijos del continente cuyas venas, abiertas todavía, sangraron durante siglos por causa del neocolonialismo, la rapacidad, el odio y la dependencia de quienes le pisotearon antes y buscan desvirtuar hoy el hermoso camino hacia el bienestar de todas las naciones.
El mejor ejemplo de semejante batalla común se concentrará en la defensa de la integridad y soberanía de la tierra de Hugo Chávez; en la denuncia urgente del ataque imperialista empeñado en fulminarla, destruirla y aplastarla con acciones espurias como el decreto del Presidente Barack Obama que señaló a Venezuela como una amenaza extraordinaria para la seguridad de los Estados Unidos.
La voz de José Martí, uno de los mejores discípulos del Libertador, independentista incansable y conocedor de las entrañas del monstruo ha de presidir la cumbre de Panamá cuando dijo: “Los árboles del bosque debieran ponerse en fila para que no pase el gigante de las siete leguas”…
Al corazón del amigo se abrirá allí, de nuevo, la muralla de la unidad entre los pueblos latinoamericanos y caribeños.
El veneno y el puñal se estrellarán contra una América Latina que se levantó, se sacudió del yugo, y ha echado a andar con paso firme hasta su total y definitiva independencia.





