Editorial: Cumbre de las Américas: “Ni garrote ni zanahoria”

Este 10 y 11 de abril los pueblos de América Latina y el Caribe fueron convidados de nuevo por  el gigante del Norte para sentarse a la mesa y compartir una cena que sin dudas, como en la fabula del zorro y la cigüeña, incluirá platos difíciles de digerir para los pueblos del Sur, pero sumará  también   ciertos  vinos que pueden amargar  el paladar  de los poderosos del  Imperio.

Quienes acuden a esta VII Cumbre de las Américas en la ciudad de Panamá no son los mismos representantes de aquellas  naciones divididas del continente que viera Martí en la Conferencia de Washington en la década del 80 del siglo 19, después de pisoteado y vilipendiado el sueño del libertador Simón  Bolívar, o los de la pasada centuria cuando muchos  al sur del río Bravo  imploraban  de rodillas al Tío Sam y adoraban el American Way of Life como única alternativa.

Al nuevo encuentro llegan líderes de innegables raíces populares, junto a  otros que, aún siendo del centro y la derecha política en sus gobiernos, comprendieron la trascendencia de la unidad común, la cooperación y el respeto  a las diferencias   para enfrentar los retos y los peligros  del mundo moderno.

En la mesa panameña, frente a las pretensiones hegemónicas del capital financiero y la voracidad disimulada de las trasnacionales del petróleo y de la guerra se plantarán, con la dignidad y la firmeza del presente, los miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe CELAC, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América ALBA-TCP, la UNASUR, la Comunidad de Estados del Caribe y otros bloques cuyo norte ahora, sin duda alguna, está en el Sur.

Por si esto fuera poco, una voz imprescindible  se sumará esta vez en  la cita de la VII Cumbre de las Américas: la voz de Cuba; la  Cuba de siempre, levantada con orgullo sobre los hombros de 34 naciones hermanas, y colocada en el lugar que merece por su legado de hermandad, resistencia, solidaridad y apego a los principios  sembrados por la Revolución popular encabezada por  Fidel Castro,  y a los cuales no renunciaremos jamás.

Los representantes  de la verdadera sociedad civil cubana  adelantaron muestras de la dignidad inclaudicable y la justicia que “con todos y para el bien de todos” construye y defiende la patria de José Martí… Raúl llegará a tal foro con nuevos argumentos y la disposición de tender la mano a la buena voluntad, pero también para  rechazar,  sin reparos,  el veneno contra su nación y contra el resto de los nacidos en  Suramérica.

Ni el garrote ni la zanahoria tendrán cabida en el pueblo que representa, ni permitiremos nunca que tal política se imponga sobre alguno de los hijos del continente cuyas venas, abiertas todavía, sangraron durante  siglos por  causa del neocolonialismo, la rapacidad, el odio y la dependencia de quienes le pisotearon antes y buscan desvirtuar hoy el  hermoso camino  hacia el bienestar de todas las naciones.

El mejor ejemplo de semejante batalla común se concentrará en la defensa de la integridad y  soberanía de la tierra de Hugo Chávez; en  la denuncia urgente del ataque imperialista  empeñado en fulminarla, destruirla y aplastarla con acciones espurias como el decreto del Presidente Barack Obama que señaló a Venezuela como una amenaza extraordinaria para la seguridad de los Estados Unidos.

La voz de José Martí, uno de los mejores  discípulos del Libertador,  independentista  incansable y conocedor de las entrañas del monstruo ha de  presidir  la cumbre de Panamá cuando dijo: “Los árboles del bosque debieran ponerse en fila para que no pase el gigante de las siete leguas”…

Al corazón del amigo se abrirá allí, de nuevo, la muralla de la unidad entre los pueblos latinoamericanos y caribeños.

El veneno y el puñal se estrellarán contra una América Latina que se levantó, se sacudió del yugo, y ha echado a andar con paso firme hasta su total y definitiva independencia.

Noticiero Multimedia. Florida en la WEB

Discursos de Miguel Díaz-Canel Bermúdez

Discursos de Raúl Castro

Estampas de Florida