Una constitución “con todos y para el bien de todos”

Una constitución “con todos y para el bien de todos”"¡Ese es mi pueblo,  y en él tengo fe...porque en un pueblo solo perdura lo que de él nace,  nunca lo que se importa de otro pueblo!".

Así de históricas, contundentes, certeras y con una vigencia incalculable  serian las palabras con las cuales respondería el Apóstol  de la Independencia cubana, José Martí, a la pregunta sobre su criterio acerca de la nueva Constitución de la República de Cuba aprobada por el Parlamento Nacional, luego de varias jornadas de intercambios  y debates relacionados con el contenido y alcance de la Norma Suprema del país.

Al igual que Martí, Fidel, cuyos pensamientos, espíritu y  legado también presidieron las recientes sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular,  salió del plenario convencido de que aún cuando ya su cuerpo no está entre nosotros, la convicción de ¡Patria o Muerte! se eleva más que nunca por encima de las diferencias generacionales, escoltada por esa vocación de justicia, independencia, dignidad  soberanía multiplicadas por la Revolución.

Y es que todo ese orgullo expresado por ambos próceres se funda en dos conceptos inamovibles en Cuba: la unidad indiscutible del pueblo con sus dirigentes  y la confianza en aquellos y aquellas en cuyas manos depositó el poder para representarlo en la Patria  y frente al resto del mundo.

Quienes dentro o fuera de la Isla dudaron de que cada palabra expresada en la Consulta Popular estaría presente en la revisión del Proyecto de Constitución recibieron la más trascendental lección de humildad, de apego a los principios, de lo que verdaderamente significan democracia participativa, mandato popular, defensa de la libertad y cumplimiento de la palabra empeñada cuando se convoca al soberano para decidir su destino.

El planeta entero pudo observar, una vez más, por estos días, con toda la  transparencia posible en un ejercicio pleno del que debieran aprender los que nos tratan de engañar todos los días, quién y bajo qué conceptos  gobierna verdaderamente en la nación que tanto el Imperio  como sus lacayos acusan de dictatorial  y totalitaria.

Vimos la manera en que los más de 600 diputados, en nombre de sus electores, avalaron una Carta Magna que  perfeccionó su contenido en casi un 70 % por mandato de los 8 millones de cubanos y cubanas que respaldaron la consulta,  convencidos de la palabra martiana cuando expresó que "en una nación parlamentaria, es necesario que el Parlamento sea copia legítima del pueblo que lo eligió".

A partir de este momento corresponde a cada uno de nosotros regresar al texto aprobado, informarnos, aclarar cualquier duda que pueda prevalecer, sopesar la grandeza, el humanismo,  la ética, derechos  y el valor  que encierra  cada artículo de una Constitución redactada "con todos  para el bien de todos".

Nos toca en fin, el domingo 24 de febrero del próximo año, ponernos a la altura de nuestro Parlamento para dar un sí rotundo y convincente en apoyo a la Ley Suprema de la República, para decirle a Fidel, a Raúl, y a todos los que cayeron por nuestra independencia lo que aprendimos de Martí: "en esa hora suprema, seremos dignos de la obligación que la Patria pone sobre nosotros". A nadie le quepa duda: ¡Venceremos!

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