Colaboradores cubanos de la Salud echan su suerte con los pobres de la Tierra
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- CategorÃa: La opinión
- Publicado: Jueves, 29 Noviembre 2018 06:00
- Escrito por Pedro Pablo Sáez
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Florida, 29 nov.- José MartÃ, el mayor de los cubanos, lo dijo con certeza que "La Patria es ara, no pedestal, se vive para ella, nunca de ella", y asà lo confirman los cientos de médicos colaboradores que por estos dÃas regresan a la Patria luego de completar su tarea de salvar vidas y prevenir enfermedades entre los hombres, mujeres y niños más humildes de la población brasileña.
Sin duda alguna, los que retornan a su lugar de origen cuentan con la admiración de la inmensa mayorÃa de quienes conocen, respetan y defienden la obra y trayectoria humanista y solidaria de Cuba, no sólo en el campo de la salud, sino también en múltiples esferas en defensa de la educación, la libertad y la independencia para todos los seres humanos por igual en este planeta.
Esos que vuelven hoy en caravanas de dignidad, se suman a los miles que antes, con mayor silencio y menos publicidad pero con la misma convicción, también decidieron rendir tributo a la memoria del Apóstol de la Independencia cubana cuando nos recordó que “el amor a la Patria, no es amor ridÃculo a la tierra o a la yerba que pisan nuestras plantasâ€, es entre otras cosas el rencor eterno a quien la ataca; es, sobre todo, anteponer la virtud y el decoro como escudo de cara a la blasfemia y el desafuero de los miserables.
El ejército de batas blancas que hoy regresa de Brasil a Cuba es el mismo que no retrocedió ante el peligro de los terremotos; el que venció a la muerte en medio de la furia de huracanes y otros desastres naturales en centro y Suramérica; el mismo que jamás tembló bajo la amenaza mortÃfera del Ébola en Ãfrica, el que penetró en lo más profundo de la selva amazónica y conoce en lo más hondo del alma cuánto valen una sonrisa y una mano amiga para curar el cuerpo de los que no tienen nada.
Ese es el mismo ejército que cada dÃa regala a su pueblo indicadores de salud y una expectativa de vida con los que sueñan miles de millones de personas en otras partes del mundo.
Ese resultado y ese prestigio conquistados sobre la base del sacrificio, la profesionalidad, la entrega y la gratitud de los pobres y desposeÃdos de varios continentes, merece la admiración de sus compatriotas y el respeto de aquellos que nunca fueron capaces de compartir el pan, repartir su corazón y echar la suerte con los pobres de la tierra, sin pedir nada a cambio.





