Sistema político; determinante en la recuperación tras ocurrencias de desastres naturales

Florida, 7 oct. - "No vayas a la casa de nadie para que no sepas como vive". Así reza un viejo refrán que escuchamos desde niños, y sin embargo por estos días los cubanos hemos tenido la oportunidad de apreciar, a través de la televisión y otros medios, la situación en la cual sobreviven millones de vecinos del continente luego de la ocurrencia de desastres naturales como ciclones y terremotos.

Imagino que para aquellos que defienden al capitalismo como sistema social insuperable debe ser frustrante observar como en países como Puerto Rico, a pesar de ser un estado libre asociado al gobierno más poderoso del mundo, la gente se hunde en la desesperación, la falta de asistencia oficial y la incertidumbre, a casi un  mes después del desastre provocado por los huracanes Irma y María en esa nación.

Más del 85 % de la ciudadanía sin servicio eléctrico, deficiente distribución de agua potable, escases de alimentos, familias enteras sin techo y miles de toneladas de escombros diseminados por campos y ciudades, constituyen allí una verdad indignante y dolorosa.

Sería risible, de no ser por la tragedia social que vive ahora mismo ese pueblo hermano, la actitud del presidente Donald Trump durante su tardía visita a la tierra boricua, adonde llegó acompañado de reproches, acusaciones y burlas, en lugar de arribar cargado de la ayuda que esperan y demandan los puertorriqueños.

Esa misma descripción y falta de preocupación gubernamental pueden trasladarse asimismo a la población de México, afectada no sólo por un potente terremoto sino además por la indiferencia, la corrupción y la inercia de la administración del presidente Enrique Peña Nieto.

Larga sería la lista sobre la falta de previsión y socorro efectivo en que viven millones de residentes del planeta, sobre todo en lugares donde el neoliberalismo, la falsa prosperidad y el discurso de las oportunidades, esconden verdades que salen a la luz en momentos de desesperación.

Toda esa realidad contrasta con el accionar cubano en estas lides. Antes, durante y después del paso de cualquier ciclón, sea de la categoría que sea, la tierra de esta isla caribeña ve levantarse otro huracán de solidaridad y trabajo para salvaguardar vidas, proteger bienes materiales y recuperarse del impacto, bajo la máxima de que nadie puede quedar desamparado, sea quien sea.

Quien quiera verlo y compararlo que lo admire y lo pondere: a menos de quince días del paso de Irma casi el 100 % de los hogares cubanos recibían servicio de electricidad, la recogida de desechos sólidos se activó inmediatamente, no demoró un minuto el levantamiento de las afectaciones casa a casa, se puso en marcha un plan emergente de fabricación de viviendas temporales para quienes perdieron techo y paredes, y la distribución de cursos, alimentos y otras facilidades sobrepasan la expectativa de muchos.

Esa es la política social, inclusiva y humanista de un país pequeño, pobre, bloqueado por los Estados Unidos, golpeado por decenas de tormentas tropicales casi de forma permanente y donde el hombre y su bienestar constituyen, sin lugar a dudas, la principal ocupación y preocupación del gobierno y del único partido que escogimos para construir nuestro pasado brillante, el presente de trabajo y el futuro socialista, guiados por el ejemplo de Fidel Castro y las ideas inmortales de José Martí.

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