Hace 61 a帽os, EEUU ejecutaba a los esposos Rosenberg
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- Categor铆a: Hist贸ricas
- Publicado: S谩bado, 21 Junio 2014 14:58
- Escrito por Redacci贸n Digital Radio Florida
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Los esposos Ethel y Julius Rosenberg, neoyorkinos de ascendencia jud铆a, fueron ejecutados en la silla el茅ctrica el 19 de junio de 1953 en la prisi贸n de Sing Sing, acusados de entregar informaci贸n que supuestamente posibilit贸 a la Uni贸n Sovi茅tica acceder al secreto de la bomba at贸mica.
El proceso judicial fue muy cuestionado en el mundo. El intelectual Jean Paul Sartre lo llam贸 un linchamiento legal, pues se inspiraba en crueles persecuciones a las ideas socialistas de las que fueron v铆ctimas militantes y simpatizantes en Estados Unidos. Muchos tuvieron que cumplir largas penas de prisi贸n solo por admitir que las sustentaban.
El proceso de los Rosenberg dio trigo a las pesquisas del FBI, enrumbadas desde el Congreso por el Comit茅 de Investigaci贸n de Actividades Anti-norteamericanas del Senado, presidido por Joseph Mc Carthy, mientras en la C谩mara de Repre颅sen颅tantes lo hac铆a Richard Nixon.
Documentos desclasificados y testimonios hacen comprender que la ejecuci贸n de los Rosenberg fue un producto de la distorsi贸n de la opini贸n p煤blica all铆, soliviantada por las campa帽as dirigidas a crear un fantasma del comunismo que justificase medidas represivas en el orden interno y contiendas b茅licas en el exterior, todo para mantener altos los gastos militares y crear un nuevo poder铆o basado en la terrible arma at贸mica.
El origen del suceso hay que buscarlo en los a帽os cuarenta, cuando se rompi贸 la coalici贸n anti-fascista que hab铆a unido a los pa铆ses aliados contra el eje nazi-fascista y se dio paso a la llamada Guerra Fr铆a. El comienzo de esta peligrosa etapa de la historia se ubica a partir de la muerte del presidente Franklin Delano Roosevelt.
El primer ministro brit谩nico Winston Churchill hab铆a perdido por amplio margen los comicios de 1945 ante su rival Clemente Attlee. Pero hab铆a acordado con el reci茅n electo presidente estadounidense Harry Truman discutir entre ellos an颅tes de sostener una reuni贸n tripartita con el l铆der sovi茅tico Joseph Stalin. La cita, que ten铆a por objetivo afinar el futuro del mundo tras la victoria frente a Alemania, finalmente se dio en Postdam entre julio y agosto de 1945.
Churchill quer铆a comunicarle, sobre todo, su inquietud con los sovi茅ticos, a partir de 鈥渟u falsa interpretaci贸n de las decisiones de Yalta (febrero 1945), su actitud hacia Polonia, su abrumadora influencia en los Balcanes, con excepci贸n de Grecia, las dificultades que crean sobre Viena, la combinaci贸n del poder铆o ruso y los territorios bajo su control u ocupados鈥濃(1).
Truman no era dif铆cil de convencer. El 27 de julio de 1941 hab铆a declarado al New York Times: 鈥淪i vemos que Alemania va a ganar la guerra, debemos ayudar a Rusia. Si vemos que Rusia va a ganarla, debemos ayudar a Alemania y dejar lo m谩s posible que se maten entre s铆鈥.
Churchill transit贸 un camino trillado. El futuro director de la CIA, Allen Dulles, ya uno de los jefes de la naciente inteligencia y el general Karl Wolff, jefe de las SS en Italia, se reunieron en Zurich el 12 y el 15 de marzo de 1945, bajo protesta de los sovi茅ticos que ten铆an el derecho de participar. Dulles planeaba aprovechar la inteligencia alemana sobre Rusia, como preludio de acuerdos para que jefes militares y de inteligencia del III Reich se rindieran a EE.UU. y Gran Breta帽a, salvasen el pellejo y sirvieran a los planes de dominio mundial de ambas potencias.
Cuando Truman confirm贸 a Churchill que los ensayos para explotar la bomba el 17 de julio hab铆an sido positivos, decidieron que ya no necesitaban de los rusos para que ellos invadiesen a Jap贸n por Manchuria y completar as铆 el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ya Estados Unidos no deb铆a jugar un papel de contrapeso entre la Uni贸n Sovi茅tica y el Reino Unido como pensaba Roosevelt.
Rusia hab铆a ganado prestigio al comenzar la invasi贸n de Alemania antes que nadie, pero en ese momento el poseedor de la bomba at贸mica se convert铆a en el verdadero poder militar y pol铆tico del mundo. EE.UU. y la URSS se mantuvieron aliados hasta el final de la guerra, pero Washington nunca inform贸 a Mosc煤 sobre la b煤squeda del arma at贸mica ni del Proyecto Manhattan. La sorpresa de su detonaci贸n fue tremenda.
Menos de un a帽o despu茅s de la cita de Postdam, Truman invit贸 a Churchill a visitar Estados Unidos. Ya sin la investidura de primer ministro, mas con la aureola de haber sido el conductor del Reino Unido en los dif铆ciles a帽os de la Segunda Guerra Mundial, Churchill viaj贸 a Cuba (donde hab铆a estado en 1895 durante la guerra de Independencia) antes de ir a Norteam茅rica. Comprob贸 mientras disfrutaba de los habanos Romeo y Julieta que 鈥渟u prestigio internacional no hab铆a sufrido por su fracaso electoral鈥 (2).
El gran viraje de ambas potencias se hizo p煤blico a partir del famoso discurso del ex primer ministro brit谩nico en Fulton, Missouri, cuando pronunci贸 por primera vez ante los medios su famosa frase sobre la 鈥渃ortina de hierro鈥. Algunos se帽alan ese momento como el principio de la Guerra Fr铆a.
Truman abiertamente abandon贸 las posiciones conciliatorias de Roosevelt y adopt贸 las agresivas de Churchill, que tanto hab铆an molestado ya a Stalin por la demora, hasta 1944, en abrir el frente de guerra del oeste.
Como una curiosidad hist贸rica, la celebraci贸n a comienzos de junio de este a帽o del aniversario 70 del desembarco en Nor颅mand铆a, es decir, la apertura del segundo frente por parte de los aliados, se celebr贸 en medio de un nuevo diferendo con Rusia, esta vez sobre Ucrania. Una evidencia m谩s de que la historia tiende a repetirse.
Aunque Henry Wallace y Henry Stimson, secretarios de Co颅mercio y Defensa respectivamente, hab铆an defendido la posici贸n del difunto Roosevelt de sostener relaciones normales con los sovi茅ticos; Stettinius, Vinson y Forrestal, secretarios de Es颅tado, del Tesoro y Marina respectivamente, apoyaron cambiarla. Los dos 煤ltimos se distinguieron m谩s tarde 鈥渃azando brujas鈥 con McCarthy.
El viraje trajo como consecuencia el rompimiento de los aliados contra el fascismo. Las campa帽as contra los comunistas se reiniciaron a la sombra del Plan Marshall y tuvieron su momento culminante en las campa帽as maccartistas, en especial el proceso y ejecuci贸n de los Rosenberg.
Sus condenas los convirtieron en los dos 煤nicos civiles norteamericanos ejecutados en la silla el茅ctrica durante la llamada Guerra Fr铆a. Para lograrlo, se les acus贸 tambi茅n por los miles de muertos en la Guerra de Corea, tratando de hacer esa contienda m谩s aceptable. Sartre fue certero. Era lo m谩s cercano a los linchamientos.
(1) Andr茅 Fountain. Histoire de la Guerre Froide. Fayard 1965 Paris, p. 324.
(2) Winston S Churchill. Memorias de la Segunda Guerra Mundial. Ediciones Peuser. 1961 Buenos Aires, p. 1014.





