Cuba y EEUU, un duelo por la verdad y la coexistencia pacífica

Florida 6 oct. - Otra vez Goliat pretende desafiar al pequeño David, y esta vez la provocación y la infamia  llegaron luego de un periodo de casi tres años de acercamientos oficiales y relativa prosperidad de las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y de Cuba, iniciados durante la recta final de la administración del Presidente  Barack Obama.

Sin embargo, a partir de la llegada del nuevo inquilino de la Casa Blanca y de sus eufóricas muestras de complacencia y compromiso con la mafia terrorista de Miami, casi ninguno de los habitantes de esta isla se sorprende ahora con la aparición de “incidentes†que ponen en peligro el tramo avanzado en la normalización de las relaciones y amenazan con descarrilar el tren de la buena vecindad.

El primer acto de hostilidad del imperio hacia Cuba luego del arribo de Donald Trump  indigna, asombra y desconcierta tanto dentro como fuera de este archipiélago por su burda elaboración, la falta de transparencia en el discurso oficial y la chapucería con que tratan de presentarlo frente a la opinión pública.

Diplomáticos de la embajada estadounidense en La Habana afectados por “síntomas†de enfermedades que no pueden describirse de manera concreta, poco espíritu de cooperación de las autoridades norteñas en este caso, informaciones segmentadas, negativa al intercambio de datos, y un no rotundo a la posibilidad de acceso de los científicos y expertos cubanos al reconocimiento de los supuestos “afectados†y a su radio de acción, resulta demasiado sospechoso.
La retirada del 50 % del personal de la embajada norteamericana en La Habana y la expulsión de la mayoría de los funcionarios de la representación diplomática de Cuba en Washington avisan una vez más  sobre la sustancia con que se cocina, en los pasillos de la Casa Blanca el reinicio de la hostilidad del imperio contra el pueblo cubano y sobre el inminente retorno a la controversia y a la falta de entendimiento entre ambas naciones.

Marcado por una hipocresía que no acepta disimulo, y de espaldas al deseo de la mayoría de las voces de su propio país que demandan el levantamiento del Bloqueo y el apoyo a los vínculos  con Cuba, el Departamento de Estado de Estados Unidos intenta culpar a La Habana de no adoptar medidas para proteger a su personal diplomático en la mayor república de Las Antillas, en tanto olvida que durante 55 años, cuando fuimos adversarios declarados, muchos de sus representantes hicieron aquí más de lo debido sin que por ello se les tocara un pelo o se les rozara con el pétalo de una flor.

Todo lo contrario a lo ocurrido con diplomáticos isleños en aquellas tierras, donde en igual periodo no pocos funcionarios de la Cuba revolucionaria sufrieron amenazas de muerte, restricciones de movimiento,  atentados y vejaciones, que contravienen lo dispuesto en la Convención de Viena sobre la protección de sedes y personal diplomático en cualquier lugar del planeta.   

Ante la nueva escalada imperial Cuba responde a la altura de su prestigio y su entereza moral: muestra su disposición de avanzar en la investigación del caso y el deseo de mantener el dialogo como fórmula para resolver conflictos. Reitera su voluntad de no retroceder en lo avanzado hasta el presente y reafirma que su territorio jamás fue ni será utilizado para realizar actos de terrorismo contra segundos o terceros países.
Nuestra mano se mantendrá extendida para defender la paz, la cooperación mutua  y la concordia entre las dos naciones vecinas, y así se mantendrá mientras no surjan colmillos que pretendan morderla o cercenarla.

Si así fuere, que nadie lo dude, el pequeño David no vacilará un solo instante en retomar su honda para defenderse a cualquier precio y conservar, para su pueblo, el derecho a la verdad, la libertad y la justicia conquistadas a costas del sacrificio, la sangre y el sudor de los mejores hijos de la patria sagrada.

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