Marlies MejÃas: La sonrisa en bicicleta
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- CategorÃa: Deportivas
- Publicado: Viernes, 02 Enero 2015 08:38
- Escrito por Redacción Digital Radio Florida
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La Habana, ene 02._El destino está escrito. Unos dicen que no, otros que sÃ. Pero algo tiene que existir, sino cómo explicar que una muchacha a la que no le interesaba el deporte (y aún hoy le gusta poco) sea la segunda del ranking mundial en el omnium, una de las pruebas más exigentes del ciclismo.
Cualquiera podrÃa pensar que ella desde chiquita «vivÃa y morÃa» encima de las bicicletas, tirándose por cuanta loma existÃa, allá en su natal Santiago de Cuba o en su tierra adoptiva de Güira de Melena (Artemisa). O que fue ella quien acudió a un área de entrenamiento de ese deporte para que la captaran. Sin embargo, la historia de Marlies MejÃas no empezó asÃ.
«Un dÃa pasaron por mi escuela y preguntaron quiénes querÃan apuntarse en ciclismo. Yo, por embullo, me inscribÃ. Cosas de adolescente, tenÃa 13 años y hacÃa poco que mi mamá se habÃa mudado para Güira. Estuve después tres meses en la EIDE y me enviaron para el centro nacional Reinaldo Paseiro, de La Habana», cuenta la joven de 21 años.
—¿Fue una carrera meteórica?
—Es que yo cuando hago algo me gusta que salga bien, si me metà a ciclista, pues querÃa resultados.
—Has sido medallista en ruta y en pista, ¿qué prefieres?
—Las dos. Pero la pista me encanta, es más exigente. La ruta es más agotadora.
—¿Y por qué te has especializado en el omnium, con lo difÃcil que es?
—Ahh, esa es otra historia. Yo llegué al omnium por casualidad. Cuando era juvenil me llevaron a un campeonato panamericano de mayores, y las atletas experimentadas no querÃan participar en esa especialidad. Entonces, me dijeron: «te toca a ti». Y yo, muy dispuesta, acepté. Obtuve el cuarto lugar y a partir de ese dÃa me adueñé de esta modalidad (incluye seis pruebas y se efectúa durante varios dÃas).
—Pero en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Veracruz, te excediste. Primero ganaste cuatro de oro en la pista y casi sin descanso fuiste la reina de la ruta…
—(Ella se rÃe, y con un pedalazo de humildad esquiva los elogios) SÃ, fue una competencia muy exitosa para mÃ. HabÃa entrenado fuerte y estaba bien psicológicamente. Asà logré el oro en la persecución individual y por equipos, en la velocidad por equipos con Lisandra Guerra y en el omnium. Y para rematar, gané la ruta, que era un sueño mÃo desde hace mucho tiempo.
—Las principales rivales en la ruta eran tus mismas compañeras, incluida Arlenis Sierra, la campeona de los Juegos Panamericanos de Guadalajara.
—Arlenis es muy buena, nosotras casi no coincidimos en las competencias porque como yo soy de pista, apenas tengo tiempo para correr en la carretera. Pero esta vez yo estaba de suerte, a pesar de la lesión, pude participar y me tocó el tÃtulo.
—¡A pesar de la lesión!, ¿cómo es eso?
—(Y vuelve a sonreÃr, agacha la cabeza, sabe que lo que va a decir la engrandece como atleta). El primer dÃa de competencias me lesioné en un muslo. Me pusieron una venda y asà estuve todo el tiempo en los Juegos. Llegaba a la meta feliz, pero con dolor.
—Lo disimulabas muy bien.
—Es que la alegrÃa por las medallas era más grande. La afición que iba al velódromo de Xalapa y los cubanos que me veÃan por la televisión merecÃan una sonrisa.
—¿Aspirabas a tantas preseas de oro en esa cita?
—Realmente el pronóstico era de tres.
—Quizá haya sido el incentivo de la plata que obtuviste en la primera parada de la Copa del Mundo, unos dÃas antes en Guadalajara.
—A lo mejor, ese segundo lugar fue un resultado que me energizó. Me habÃa preparado fuerte y en la prueba estaban campeonas mundiales y olÃmpicas. Fue una competencia durÃsima.
—¿Y qué pasó en la segunda parada de la Copa del Mundo, efectuada en diciembre en Londres?
—HabÃa competido tres veces en un mes en el omnium, eso es demasiado. Además, el viaje fue complejo para allá, nos demoramos para llegar al hotel, casi no pudimos descansar. Lo importante era lograr puntos para la clasificación para el Campeonato Mundial de febrero próximo y los Juegos OlÃmpicos de RÃo de Janeiro, y lo logramos.
—Ahora en enero es la tercera parada...
—Va a ser en Cali, Colombia, ahà no hay altura, es un viaje corto y no he descuidado el entrenamiento en los dÃas finales del año, porque quiero estar entre las cinco primeras.
—Después viene el Mundial, ¿podemos esperar una sorpresa tuya?
—Soy muy joven aún, pero voy por mi medalla. Mi entrenador, Leonel Ãlvarez, me dijo que lo importante no era llegar, sino mantenerse en la élite, y quiero seguir subiendo hasta conquistar una presea olÃmpica, igual que una de las dos atletas cubanas que me sirven de guÃa, Yoanka González. La otra que tengo como modelo es Yumari González.
—Antes de RÃo de Janeiro, están los Juegos Panamericanos de Toronto en el verano de 2015. ¿Ya tienes previsto en qué piensas competir allÃ?
—Hasta ahora la idea es que corra en las mismas pruebas de los Centroamericanos, incluida la ruta.
—¿Cuáles deben ser tus principales rivales all�
—En nuestro continente uno no puede descuidarse de ninguna corredora. Aunque las mejores son estadounidenses, canadienses, venezolanas y colombianas.
—Marlies, yo quisiera saber por qué tanta diferencia en los resultados entre las ciclistas y los ciclistas en Cuba.
—Si no fuera por ellos nosotras no tuviéramos este nivel. Dada la situación económica del paÃs, los varones no pueden salir tanto a certámenes en el extranjero y las pocas veces que lo hacen no les basta para superarse como quisieran.
«Aquà en Cuba, sin embargo, entrenamos juntos, competimos juntos, y eso para nosotras es vital, nos exigen mucho. Las glorias de las mujeres se deben, en gran medida, al trabajo conjunto con los hombres».
—Este es un deporte costoso. Imagino que les sea difÃcil acceder a las mejores bicicletas.
—Ese es un asunto complejo. Las bicicletas buenas cuestan entre 3 000 y 6 000 dólares, y cada atleta necesita por lo menos dos, una para pista y otra para ruta. Es mucho dinero.
«Ahora mismo la UCI (Unión CiclÃstica Internacional) nos hizo un donativo de materiales. Yo tengo un amigo noruego que me compra las bicicletas. Gracias a él, que es como un padrino para mÃ, puedo montar en un equipo moderno».
—Y el velódromo Reinado Paseiro tampoco está en buenas condiciones.
—Eso también conspira contra los atletas. Parece más una pista de moto que de ciclismo, pero es el que tenemos y donde entrenamos al máximo.
—Es verdad que no te gusta el deporte, que no ves ni las competencias de tu especialidad.
—(Otra vez suelta la carcajada). Es cierto. A mà el deporte me gusta para practicarlo, no para verlo.
—¿Y los videos de tus actuaciones?
—Esos los observo, pero para analizar qué hice bien y qué mal.
—Entonces, si no hubieras sido deportista, ¿qué serÃas?
Se queda pensando. Es delgada, estilizada, supongo que sin la ropa deportiva serÃa difÃcil identificarla con el ciclismo.
—¿Hubieras sido bailarina?
—¿Bailarina, yo? Ahora la risa es más grande, como si le hubiera hecho un chiste de Pánfilo. No, me hubiera gustado ser maestra. SÃ, eso, dar clases.
—Eso quiere decir que, cuando te retires, serás entrenadora.
—SÃ, me parece que a eso me podrÃa dedicar en el futuro. Pero debo estudiar mucho. Ahora voy a prepararme para hacer las pruebas de ingreso a la Universidad.
—¿Y nunca te pones brava?
—Si tú supieras, cuando me molesto me trago la risa y ahà la cosa se pone fea. Sin embargo, trato a los demás con cortesÃa, con educación. Para mà es una prioridad, como persona y como deportista, ser agradable.





