Parrandas de Remedios, casi dos siglos de tradición que sigue viva
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- CategorÃa: Culturales
- Publicado: Jueves, 26 Diciembre 2013 05:29
- Escrito por Redacción Digital Radio Florida
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Es difÃcil creer que como hace casi dos siglos, todavÃa hoy una localidad entera se ponga en pie de “combateâ€, se divida imaginariamente y batalle con su vecino por la supremacÃa de su barrio.
Las tradiciones y una inmensa pasión, heredadas a través de generaciones entregadas en cuerpo y alma a mantener en alto el orgullo de sus bandos, se sostienen en la localidad villaclareña de Remedios, que celebró en Nochebuena la continuación de las fiestas populares más antiguas de Cuba, un fenómeno llamado Parrandas, que puede parecer extraño para quienes vienen de fuera y no apreciar el sentimiento de pertenencia que corre profundo en la sangre en los partidarios de San Salvador o de El Carmen.
Declaradas merecidamente Patrimonio Inmaterial de la Nación este mismo año, estas festividades permanecen tan cercanas a la identidad de sus habitantes que no se concibe ya a Remedios sin sus parrandas, cuna de las demás manifestaciones de este tipo que se dan a lo largo de la zona.
Es algo muy nuestro, que nos define, y nos une, más allá de los enfrentamientos entre dos barrios, explicó Sulma Rojas Molina, directora del Museo de las Parrandas Remedianas a Cubahora, que viajó hasta la octava villa cubana para ser testigo de estas singulares celebraciones.
Según la leyenda fue un sacerdote de la iglesia local, quien preocupado por la holgazanerÃa de sus feligreses que preferÃan quedarse durmiendo a asistir a las misas de Aguinaldo, del 16 al 24 de diciembre según la costumbre católica, reunió a un grupo de muchachos para que a fuerza de gritos y toques de instrumentos, sacaran a los somnolientos vecinos de sus casas.
No se sabe si surtió el efecto deseado y los bancos de la iglesia se llenaron –contó la especialista- lo que sà se sabe es que estas salidas evolucionaron hasta convertirse en una tradición folclórica, convertida en Fiesta Nacional junto a los Carnavales de Santiago de Cuba y las Charangas de Bejucal.
Esta ocasión no fue menos y los dos barrios: San Salvador, reconocible por su estandarte rojiazul y su gallo blanco liderando la procesión; y El Carmen, con su gavilán a la cabeza y el color marrón como distintivo, se vieron las caras en un enfrentamiento para el que llevaban preparándose todo el año.
La fiesta, que desde hace dÃas comenzó en espacios al aire libre del pueblo, alcanzó su apogeo en la tarde del 24, cuando sansarÃes y carmelitas alternaron en la Plaza principal de la localidad, al ritmo de las “polcas†convertidas luego en congas, que dan un toque más caribeño a las sonoridades europeas compuestas a finales del siglo XIX para acompañar estas evoluciones.
Luego los fuegos artificiales, los que en un avance de lo que serÃa la noche, llenaron el cielo de chisporrotazos, el suelo de los güines que se utilizan como soporte para este divertimento pirotécnico e hicieron aplaudir –y taparse los oÃdos a otros- a los miles de remedianos y visitantes que inundaban el parque, ansiosos por que llegara el plato fuerte de la velada.
En una posición privilegiada, dos masivas estructuras esperaban su turno de maravillar a los asistentes y ofrecerles un espectáculo de luces, que iluminó las caras expectantes de uno y otro bando, que ya querÃan saber si todo un año de planificación secreta y sudor no habÃa sido en vano.
Asà se fueron develando los ases bajo la manga de cada uno de los “trabajos de plazaâ€, dos grandes armazones de madera, plástico y metal, erizadas de bombillos, que hicieron innecesarias las luminarias de la plaza y crearon la atmósfera ideal para el momento que todos esperaban y que definirÃa quien se llevaba la corona este año: la salida de las carrozas.
Pero antes, en medio del estruendo de los voladores y las congas, una pausa para recordar el origen mismo de las parrandas. Una Misa de Gallo, oficiada en la Iglesia Mayor de Remedios, donde se rememoraron aquellas primeras salidas y la iniciativa de Francisco Vigil de Quiñónez, el padre Francisquito; y se hicieron votos por la unidad y la paz.
Al finalizar, los que todos esperaban y sobre lo que no se dejaba de hablar desde que los artesanos comenzaron a ensamblarlas, sólo unas horas antes: las Carrozas, con sus personajes hieráticos y sus historias, contadas con una voz solemne que desde casi la ultratumba habló sobre criaturas infernales y de leyendas.
El Carmen asombró a todos con una gran estructura rematada con una fastuosa cúpula, bajo la que se mantenÃan muy quietos todo tipo de ángeles y demonios, en una reinterpretación del viaje de Dante por el infierno.
Pero fue San Salvador quien se llevó los aplausos más rendidos esta vez por recrear el mundo de los videojuegos, en particular el del conocido World of Warcraft y sus criaturas mitológicas, no en una, sino dos carrozas, que se complementaban y fueron seguidas por una multitud entusiasmada.
Esa noche Remedios no duerme y al amanecer los dos bandos recorrieron las calles en un último recorrido, durante el cual entonaron sus rumbas de victorias.
Sin jurado oficial que elija al vencedor, las Parrandas son siempre juzgadas por el propio pueblo, que es a la vez protagonista, juez y verdadero ganador, en una suerte de triunfo asegurado, que se mantendrá mientras esta maravilla del folclor y la identidad cubanas permanezcan vivas.





